Ahora que ha anunciado su retirada cuando finalice el Mundial, ahora que sabemos que nos queda muy poco de disfrutar de su juego, ahora podemos decirlo: Zinedine Zidane entra en el club de los elegidos, de los míticos. Zidane se convierte en uno más de los tradicionalmente considerados como mejores jugadores del mundo, a saber: Pelé, Di Stéfano, Cruyff y Maradona. Ahora podemos saber por qué Zizou eligió el número 5 para jugar en el Real Madrid. Fue un guiño a la Historia, un desafío al club de los elegidos para que lo tuvieran en cuenta y le abrieran la puerta. Pareció decirles: "yo soy el quinto, me marcaré este número y así llegaré al Olimpo". Ahora sí, Zidane es el quinto Beatle, el quinto jinete del Apocalipsis, el quinto elemento, la quinta estación del año, el quinto mosquetero.
El secreto de Zidane siempre ha estado en la humildad. El mago francés jamás ha olvidado sus orígenes, cuando de niño jugaba en una pequeña plaza muy cercana a su casa, en el modesto barrio marsellés de La Castellane. A su madre no le gustaba mucho la idea, sobre todo porque el pequeño Yahid siempre estaba con muchachos mayores que él. Pero le permitía estar en la calle ya que el balcón de la vivienda de los Zidane daba a la plaza convertida en campo de juegos. Allí los chicos jugaban al futbol o montaban en bici. Zizou siempre optó por el balón, influido sin duda por su tío Djamel, que fue futbolista en Argelia y representó al país magrebí en el Mundial de España 82. Djamel Zidane era un fino mediapunta, estilete junto a Madjer y Belloumi de aquel conjunto que sorprendió a todos en aquella cita, de la que quedó eliminado por una sonrrojante componenda entre alemanes y austriacos. El tío de Zizou fue titular en la llamativa victoria de Argelia ante Alemania (2-1) en El Molinón y también en la derrota frente a Austria (2-0) en el Carlos Tartiere.
Zizou tenía 10 años cuando su tío probó la experiencia mundialista. Poco podía imaginarse que vengaría y de qué manera la afrenta a la familia, aunque con una camiseta, un escudo y una bandera diferentes. Zinedine Zidane seguía jugando con chicos mayores que él. Quizá por eso fue capaz de dar el salto a un equipo como el Cannes cuando tenía sólo 14 años, de la mano de Luis Fernández, que había compartido la participación en España 82 con Djamel Zidane. En aquella ocasión, tuvo que contar con el permiso de sus padres, que veían con cierto recelo el giro que estaba dando la vida de su hijo.
Su progresión a partir de ahí es bien conocida, con un importante punto de inflexión. Zidane comienza en el verano de 1995 su cuarta temporada en las filas del Girondins de Burdeos, un equipo que busca por entonces reverdecer viejos laureles. El club busca estar en competición Europea y se inscribe en la Intertoto, en unos años en los que este atajo es descartado por equipos españoles e italianos, que la consideran casi humillante. Y de la Intertoto a la final de la Copa de la UEFA, con un equipo en el que, además de Zidane, destacan el lateral izquierdo Lizarazu y el delantero centro Dugarry. Ellos contribuirán a dar la gloria a Francia tres años después, en su Mundial. En esa final cayeron frente al Bayern de Munich pero abrieron un escaparate a Europa y al mundo.
Capaz de pases inverosímiles, controles imposibles, goles espectaculares... Zidane siempre vio la jugada algo más de un segundo antes que sus rivales (incluso, a veces, antes que sus compañeros). Por eso pienso que nunca olvidó sus origenes en La Castellane, cuando se veía obligado a mirar a todas partes, a hacer la última jugada antes de que su madre le llamara para subir a casa, para ganarse el respeto de los mayores. Zidane supo cuadrar el destino. Comenzó en La Castellane y va a terminar en la Castellana. Tuvo sus primeras nociones de un Mundial con la eliminación de su tío en 1982 y le vengó 16 años después.
Y sobre todo, cuadró un palmarés imponente. Un Mundial, una Eurocopa, una Copa de Europa, dos Supercopas de Europa, dos Intercontinentales. En el plano personal, un balón de oro y tres premios FIFA World Player.
La magia de Zidane, algo difuminada en los últimos meses por la decadencia de su físico, se apaga. Como sabio del fútbol, ha elegido el momento oportuno para marcharse. Desaparecerá la figura del bailarín hecho futbolista, la imagen del jugador con frac, pajarita y chistera. Pero no la olvidaremos. Un día después de su retirada definitiva, Zidane pasará al Olimpo de los Grandes. Ya será uno de ellos.
domingo, abril 30, 2006
lunes, abril 24, 2006
La dictadura de Martínez
Hace unos días anunció su retirada la tenista Conchita Martínez. La noticia me causó una gran lástima, principalmente por dos motivos. En primer lugar, se marcha una de las deportistas españolas más importantes de todos los tiempos, con un notable palmarés adornado por un torneo de Wimbledon, cinco títulos de Copa Federación (el equivalente femenino de la Copa Davis), varias medallas olímpicas, etc.
Sin embargo, el historial se me antoja demasiado corto para lo que pudo llegar a ser Conchita. Ahí radica el segundo motivo por el que su retirada me apenó. Durante algunos años, Martínez fue la tenista con más clase de su generación, por encima de las Graf, Seles, Davenport y, por supuesto, Arantxa Sánchez Vicario. Su drive era inigualable, potente y ajustado, y su estilo de juego, elegante como el que más. Cuando Conchita Martínez estaba a gusto en la pista, uno se podía quedar embobado viendo el espectáculo que daba.
Pero a Martínez siempre le perdió la cabeza. Se fue de muchos de esos partidos en los que estaba bordando el tenis antes de tiempo por el más mínimo detalle: un error de los jueces de línea, una leve distracción, un golpe que no sale, un error no forzado... quién sabe lo que pasaba por aquella cabeza. Con un carácter más sólido, más sereno, Conchita hubiera impuesto una auténtica dictadura en el tenis femenino. En todas las pistas, sobre todas las superficies.
Por eso encontré un doble motivo para entristecerme por el adiós de Conchita. Su carácter también llevó a los medios de comunicación a desentenderse de ella y prestar más atención a Arantxa, mucho más mediática, con mayor confianza en sí misma. Los medios sólo se centraron en Conchita cuando hubo asuntos extradeportivos por medio: su extraña relación con Eric Van Harpen, quien fuera su entrenador durante muchos años (se llegó a decir que la maltrataba), los rumores sobre una supuesta relación amorosa con la tenista puertorriqueña Gigi Fernández, los "piques" con Arantxa que la hicieron aún más impopular.
El otro día pudo retirarse la más grande. Pero sólo lo hizo una de nuestras mejores tenistas, tras Virginia Ruano y Arantxa Sánchez, por este orden. La diferencia entre ambos puntos está en la cabeza porque sería de necios pensar que al tenis se juega sólo con los brazos y las piernas.
Sin embargo, el historial se me antoja demasiado corto para lo que pudo llegar a ser Conchita. Ahí radica el segundo motivo por el que su retirada me apenó. Durante algunos años, Martínez fue la tenista con más clase de su generación, por encima de las Graf, Seles, Davenport y, por supuesto, Arantxa Sánchez Vicario. Su drive era inigualable, potente y ajustado, y su estilo de juego, elegante como el que más. Cuando Conchita Martínez estaba a gusto en la pista, uno se podía quedar embobado viendo el espectáculo que daba.
Pero a Martínez siempre le perdió la cabeza. Se fue de muchos de esos partidos en los que estaba bordando el tenis antes de tiempo por el más mínimo detalle: un error de los jueces de línea, una leve distracción, un golpe que no sale, un error no forzado... quién sabe lo que pasaba por aquella cabeza. Con un carácter más sólido, más sereno, Conchita hubiera impuesto una auténtica dictadura en el tenis femenino. En todas las pistas, sobre todas las superficies.
Por eso encontré un doble motivo para entristecerme por el adiós de Conchita. Su carácter también llevó a los medios de comunicación a desentenderse de ella y prestar más atención a Arantxa, mucho más mediática, con mayor confianza en sí misma. Los medios sólo se centraron en Conchita cuando hubo asuntos extradeportivos por medio: su extraña relación con Eric Van Harpen, quien fuera su entrenador durante muchos años (se llegó a decir que la maltrataba), los rumores sobre una supuesta relación amorosa con la tenista puertorriqueña Gigi Fernández, los "piques" con Arantxa que la hicieron aún más impopular.
El otro día pudo retirarse la más grande. Pero sólo lo hizo una de nuestras mejores tenistas, tras Virginia Ruano y Arantxa Sánchez, por este orden. La diferencia entre ambos puntos está en la cabeza porque sería de necios pensar que al tenis se juega sólo con los brazos y las piernas.
miércoles, abril 19, 2006
Cuando el mayor rival es uno mismo
El F.C.Barcelona lo ha logrado: se ha quedado sin rivales. Hace ya tiempo que en España sólo se puede soñar con alcanzar el juego y la efectividad del conjunto azulgrana. Por lo demostrado hoy en Milán y, en general, durante toda la temporada, el Barça tampoco cuenta con un adversario capaz de hacerle frente en Europa. Es cierto que resta el partido de vuelta contra uno de los más grandes del Viejo Continente pero lo que se pudo ver sobre el césped del Giuseppe Meazza no sólo fue un Barça superior sino, en ocasiones, hasta sobrado, hasta con el freno de mano activado. Y eso, tratándose de unas semifinales de Champions y con el Milán enfrente, es decir mucho.
Los culés han llegado al punto donde el enemigo más fuerte que tienen se llama F.C.Barcelona. Ahora es el momento de mantener la concentración, por difícil que parezca, y seguir adelante, con el mismo paso, sin bajar la guardia. Cuando uno mira hacia atrás y no ve a los perseguidores inevitablemente se relaja. Este es el único paso que le queda al Barcelona para hacer historia y lograr su segunda Copa de Europa. Y el enemigo es difícil, entre otras cuestiones porque lleva la misma camiseta y tiene las mismas caras.
El Barcelona ha actuado hoy como el corredor de 100 metros lisos, que en las series previas a la final se deja ir en los últimos metros, cuando tiene la clasificación asegurada, con un doble propósito: ahorrar energías y ocultar a los rivales su verdadero estado de forma, evitando establecer una marca de referencia. Ni siquiera hay margen para el error. En el terreno de juego, el Barça se sitúa tan bien que siempre parece que tiene más futbolistas que el rival, lo que no impide que se despliegue con una velocidad endemoniada en las contras. Además, enfrente tiene a un conjunto que acusa el paso del tiempo. El Barça salió ganando cuando logró evitar al Olympique de Lyon, hoy por hoy el único conjunto que puede equipararse al azulgrana en el plano físico.
El máximo peligro ahora es el exceso de confianza y las excentricidades que suelen cometer algunos cuando se ven en lo alto. Si Laporta continúa haciendo guiños a la política en nombre del club y lleva a cabo locuras como el alquiler de Samuel Eto'o a un equipo saudí en plena temporada podría ser el principio del fin, como sucedió en el Real Madrid cuando Florentino Pérez comenzó a tocar teclas sensibles de la nave creyendo que ésta jamás se estrellaría. De lo contrario, veinte años después de la gran decepción de Sevilla frente al Steaua de Bucarest, el Barça dará una alegría a los suyos. La diferencia es que aquel equipo estaba cerrando un capítulo glorioso y éste se encuentra en los albores de otro que promete ser aún mejor.
Los culés han llegado al punto donde el enemigo más fuerte que tienen se llama F.C.Barcelona. Ahora es el momento de mantener la concentración, por difícil que parezca, y seguir adelante, con el mismo paso, sin bajar la guardia. Cuando uno mira hacia atrás y no ve a los perseguidores inevitablemente se relaja. Este es el único paso que le queda al Barcelona para hacer historia y lograr su segunda Copa de Europa. Y el enemigo es difícil, entre otras cuestiones porque lleva la misma camiseta y tiene las mismas caras.
El Barcelona ha actuado hoy como el corredor de 100 metros lisos, que en las series previas a la final se deja ir en los últimos metros, cuando tiene la clasificación asegurada, con un doble propósito: ahorrar energías y ocultar a los rivales su verdadero estado de forma, evitando establecer una marca de referencia. Ni siquiera hay margen para el error. En el terreno de juego, el Barça se sitúa tan bien que siempre parece que tiene más futbolistas que el rival, lo que no impide que se despliegue con una velocidad endemoniada en las contras. Además, enfrente tiene a un conjunto que acusa el paso del tiempo. El Barça salió ganando cuando logró evitar al Olympique de Lyon, hoy por hoy el único conjunto que puede equipararse al azulgrana en el plano físico.
El máximo peligro ahora es el exceso de confianza y las excentricidades que suelen cometer algunos cuando se ven en lo alto. Si Laporta continúa haciendo guiños a la política en nombre del club y lleva a cabo locuras como el alquiler de Samuel Eto'o a un equipo saudí en plena temporada podría ser el principio del fin, como sucedió en el Real Madrid cuando Florentino Pérez comenzó a tocar teclas sensibles de la nave creyendo que ésta jamás se estrellaría. De lo contrario, veinte años después de la gran decepción de Sevilla frente al Steaua de Bucarest, el Barça dará una alegría a los suyos. La diferencia es que aquel equipo estaba cerrando un capítulo glorioso y éste se encuentra en los albores de otro que promete ser aún mejor.
lunes, abril 17, 2006
La Copa de Tamudo y César
La final de la Copa del Rey, grandiosa, bonita y espectacular como siempre, confirmó que este torneo es peculiar, diferente del resto. Una aventura caprichosa, traicionera, que puede acarrear más de un disgusto pero cuyo triunfo sabe a gloria.
La Copa tiene sus elegidos y también sus defenestrados. Sostiene a unos en la gloria y condena a otros a los infiernos. Fue el primer peldaño para que la carrera de un joven entrenador como Víctor Fernández sufriera una espectacular evolución. Primero hizo al Zaragoza campeón de Copa y después, de la Recopa, con aquel gol desde el centro del campo de Nayim a Seaman en el viejo Parque de los Príncipes de París. La Copa terminó de encumbrar a Samuel Eto'o, que no sólo la ganó con el Mallorca sino que fue el mejor de aquella final de Elche frente a un descendido Recreativo de Huelva. El centenario torneo ya le había hecho un guiño al equipo balear unos cuantos años antes, cuando estaba liderado por un jovencísimo Miguel Angel Nadal. El denominado torneo del K.O. mantiene una especial relación con los porteros. Hizo héroes a Esnaola y García Remón en sendas tandas de penalties.
Por eso, el miércoles fue la Copa de Tamudo, futbolista al que este trofeo siempre le tiene preparado un guiño especial. En una jugada de picardía, inició el triunfo del Español en 2000 frente al Atlético de Madrid, que posteriormente remataría el hoy deportivista Sergio. El miércoles, los periquitos hicieron pedazos los planes de Víctor Muñoz en 90 segundos y el culpable volvió a ser Tamudo.
Pero ya dijimos que la Copa también es caprichosa y traicionera. La jugada de la final de 2000, disputada en Mestalla, fue a costa de la desgracia de Toni Jiménez, que a causa de estas cosas del fútbol, es más recordado por ese error que por la medalla de oro olímpica en Barcelona 92, cuando por entonces defendía los colores de la U.E.Figueras.
El primer gol del pasado miércoles se debió a una intervención no demasiado afortunada de César Sánchez, un auténtico maldito de la Copa. Tres finales, tres derrotas. A la primera llegaba tras arrebatarle la titularidad en el Real Madrid a Iker Casillas. Un gol bajo piernas de Sergio, ya con la camiseta del Deportivo de La Coruña (otro futbolista que debe mucho a la Copa), comenzó a enterrar a los blancos y, de paso, al arquero extremeño. Dos años después, César llegaba a la final contra el Zaragoza en Montjuic ya como portero suplente. El gol decisivo del hoy colchonero Galetti, tras un disparo lejano en la prórroga, le acarreó numerosas críticas a César. Avatares del destino, César fue a parar a aquel equipo que le dejó por segunda vez con la miel en los labios; ironías de la vida, él mismo comenzó a perder la final del miércoles con el despeje de un lanzamiento de falta de Iván de la Peña que nunca debió poner en el terreno de juego.
La Copa sólo tuvo clemencia con César al ahorrarle unos cuantos minutos con su expulsión. Así es el torneo del K.O. Te hace héroe o villano. Sólo para valientes. Quizá por eso, algunos tratan de devaluarla, por desgracia, con algún éxito.
La Copa tiene sus elegidos y también sus defenestrados. Sostiene a unos en la gloria y condena a otros a los infiernos. Fue el primer peldaño para que la carrera de un joven entrenador como Víctor Fernández sufriera una espectacular evolución. Primero hizo al Zaragoza campeón de Copa y después, de la Recopa, con aquel gol desde el centro del campo de Nayim a Seaman en el viejo Parque de los Príncipes de París. La Copa terminó de encumbrar a Samuel Eto'o, que no sólo la ganó con el Mallorca sino que fue el mejor de aquella final de Elche frente a un descendido Recreativo de Huelva. El centenario torneo ya le había hecho un guiño al equipo balear unos cuantos años antes, cuando estaba liderado por un jovencísimo Miguel Angel Nadal. El denominado torneo del K.O. mantiene una especial relación con los porteros. Hizo héroes a Esnaola y García Remón en sendas tandas de penalties.
Por eso, el miércoles fue la Copa de Tamudo, futbolista al que este trofeo siempre le tiene preparado un guiño especial. En una jugada de picardía, inició el triunfo del Español en 2000 frente al Atlético de Madrid, que posteriormente remataría el hoy deportivista Sergio. El miércoles, los periquitos hicieron pedazos los planes de Víctor Muñoz en 90 segundos y el culpable volvió a ser Tamudo.
Pero ya dijimos que la Copa también es caprichosa y traicionera. La jugada de la final de 2000, disputada en Mestalla, fue a costa de la desgracia de Toni Jiménez, que a causa de estas cosas del fútbol, es más recordado por ese error que por la medalla de oro olímpica en Barcelona 92, cuando por entonces defendía los colores de la U.E.Figueras.
El primer gol del pasado miércoles se debió a una intervención no demasiado afortunada de César Sánchez, un auténtico maldito de la Copa. Tres finales, tres derrotas. A la primera llegaba tras arrebatarle la titularidad en el Real Madrid a Iker Casillas. Un gol bajo piernas de Sergio, ya con la camiseta del Deportivo de La Coruña (otro futbolista que debe mucho a la Copa), comenzó a enterrar a los blancos y, de paso, al arquero extremeño. Dos años después, César llegaba a la final contra el Zaragoza en Montjuic ya como portero suplente. El gol decisivo del hoy colchonero Galetti, tras un disparo lejano en la prórroga, le acarreó numerosas críticas a César. Avatares del destino, César fue a parar a aquel equipo que le dejó por segunda vez con la miel en los labios; ironías de la vida, él mismo comenzó a perder la final del miércoles con el despeje de un lanzamiento de falta de Iván de la Peña que nunca debió poner en el terreno de juego.
La Copa sólo tuvo clemencia con César al ahorrarle unos cuantos minutos con su expulsión. Así es el torneo del K.O. Te hace héroe o villano. Sólo para valientes. Quizá por eso, algunos tratan de devaluarla, por desgracia, con algún éxito.
lunes, abril 10, 2006
El castigo
Si a la salida del Bernabéu se hubiera informado a los aficionados de que los futbolistas del Real Madrid tenían unas minivacaciones de dos días y medio, la mayoría habría reaccionado diciendo que no las merecen, que entrenan poco y que, si por ellos fuera, se las quitarían. Se conoce que este pensamiento también atravesó la cabeza del presidente madridista, Fernando Martín; y también se ve que hizo alguna que otra consultilla a la almohada porque el "castigo" finalmente se quedó en nada o casi nada. En cualquier caso, el presidente jamás se puede comportar como si fuera un aficionado más. Para eso ocupa ese cargo.
Que en este Real Madrid no funciona el discurso de la mano dura es tan obvio como lo que se escribió en este blog hace pocas fechas: el equipo no va a luchar por ser segundo. Martín puede reunirles todos los días, pedirles unión y compromiso cada quince minutos o poner velas al santo del que sea devoto (ahora que se acercan fechas señaladas). El destino del Madrid para la próxima temporada está en manos de futbolistas que no cuentan en la actualidad con ningún estímulo (lo dijo el propio Julio Baptista a la conclusión del partido frente a la Real Sociedad). Y contra eso no hay mucho que hacer.
También se me ocurre que si al equipo se le pretende castigar con un entrenamiento quiere decir que no trabajan demasiado. No hay que ser Sherlock Holmes para deducir que si el castigo consiste en entrenar el domingo quiere decir que para ese día no hay tajo programado. ¿Por qué? La mayoría de conjuntos que juegan el sábado entrenan al día siguiente, aunque sea uno de los llamados "entrenamientos de recuperación". Tampoco hay que hilar muy fino para darse cuenta de que las continuas lesiones musculares de Ronaldo tienen que ver con la falta de trabajo del brasileño, que no soporta dos sprints seguidos sin romperse.
En fin. Recuerdo que cuando estudiaba para sacarme el carnet de conducir y me dieron nociones sobre cómo actuar en caso de tener que auxiliar en un accidente, una de las consignas era no tocar al herido hasta que llegara el personal sanitario. "En tu buena intención de echarle una mano podrías causarle más daños de los que ya se ha hecho con el golpe", me dijeron. La misma premisa aplicaría al caso del Real Madrid. Ahora, lo mejor es dejarlo hasta que llegue el personal autorizado. Porque cada intento de restablecer la situación sólo empeora las cosas.
A mediados de abril se puede hacer muy poco. Quizá, sólo rezar. Que los castigos lleguen en esta fecha es casi para tomárselo a chufla.
Que en este Real Madrid no funciona el discurso de la mano dura es tan obvio como lo que se escribió en este blog hace pocas fechas: el equipo no va a luchar por ser segundo. Martín puede reunirles todos los días, pedirles unión y compromiso cada quince minutos o poner velas al santo del que sea devoto (ahora que se acercan fechas señaladas). El destino del Madrid para la próxima temporada está en manos de futbolistas que no cuentan en la actualidad con ningún estímulo (lo dijo el propio Julio Baptista a la conclusión del partido frente a la Real Sociedad). Y contra eso no hay mucho que hacer.
También se me ocurre que si al equipo se le pretende castigar con un entrenamiento quiere decir que no trabajan demasiado. No hay que ser Sherlock Holmes para deducir que si el castigo consiste en entrenar el domingo quiere decir que para ese día no hay tajo programado. ¿Por qué? La mayoría de conjuntos que juegan el sábado entrenan al día siguiente, aunque sea uno de los llamados "entrenamientos de recuperación". Tampoco hay que hilar muy fino para darse cuenta de que las continuas lesiones musculares de Ronaldo tienen que ver con la falta de trabajo del brasileño, que no soporta dos sprints seguidos sin romperse.
En fin. Recuerdo que cuando estudiaba para sacarme el carnet de conducir y me dieron nociones sobre cómo actuar en caso de tener que auxiliar en un accidente, una de las consignas era no tocar al herido hasta que llegara el personal sanitario. "En tu buena intención de echarle una mano podrías causarle más daños de los que ya se ha hecho con el golpe", me dijeron. La misma premisa aplicaría al caso del Real Madrid. Ahora, lo mejor es dejarlo hasta que llegue el personal autorizado. Porque cada intento de restablecer la situación sólo empeora las cosas.
A mediados de abril se puede hacer muy poco. Quizá, sólo rezar. Que los castigos lleguen en esta fecha es casi para tomárselo a chufla.
sábado, abril 08, 2006
Síntomas de debilidad
Durante los últimos días, en medio de la vorágine de noticias, declaraciones y comparecencias ante la prensa que rodean a las jornadas de Liga de Campeones, dos futbolistas del Real Madrid, Guti y Mejía, mostraron su preferencia por que el F.C.Barcelona perdiera en su eliminatoria contra el Benfica. El centrocampista afirmó que le gustaría que el Barça "perdiera siempre" mientras que el defensa optó al principio por la prudencia para después concluir: "prefiero que pierda".
Admito que no comparto ni en ocasiones entiendo los sentimientos en contra de un determinado equipo. En una palabra, no entiendo a los "anti". En muchas ocasiones he oido, por ejemplo, que para ser del Atlético de Madrid hay que ser "antimadridista". Pues, francamente, esa aseveración me parece una falta de respeto al propio club colchonero. Parte de los males de un equipo pasan por que la afición esté más pendiente de lo que hace el vecino que de las actuaciones de la escuadra a la que apoyan.
Sin embargo, me parece más inconcebible cuando este tipo de sentimiento anida en los futbolistas, en los profesionales. Y no puedo evitar pensar que se trata de todo un síntoma de debilidad. Hace unas temporadas, cuando el Real Madrid ganaba títulos y caminaba con paso firme por las competiciones que disputaba, los jugadores evitaban pronunciarse sobre el eterno rival. Ante las mismas preguntas de los periodistas, respondían con palabras como "nosotros tenemos que estar a lo nuestro", "en los demás no nos fijamos", etc. No sé si Guti y Mejía buscaban con sus declaraciones acercarse más a un público enfadado con sus futbolistas por tres años consecutivos sin títulos. Si ha sido así, el intento habrá sido baldío porque al respetable no se le convence de esta forma.
El presidente del Barça, Joan Laporta, ha dicho recientemente que si el Real Madrid no existiera habría que inventarlo. Una prueba más de que Real y Barcelona se necesitan mutuamente. Pero a estas alturas conviene no olvidar los tiempos en que Joan Gaspart ocupaba el puesto de Laporta y deseaba todo tipo de males a su eterno rival. Entonces el Real Madrid estaba arriba y el Barça atravesaba una gran crisis. Florentino Pérez, por entonces presidente merengue, dijo de Gaspart que era un gran presidente y Gaspart reaccionó diciendo: "yo no quiero que diga que soy un gran presidente; hubiera preferido que dijera que soy un cabrón". Con el paso del tiempo es sencillo concluir que esas palabras no eran sino todo un síntoma de debilidad e impotencia. Dejemos avanzar el calendario y veamos que pensamos de los comentarios de Guti y Mejía.
Admito que no comparto ni en ocasiones entiendo los sentimientos en contra de un determinado equipo. En una palabra, no entiendo a los "anti". En muchas ocasiones he oido, por ejemplo, que para ser del Atlético de Madrid hay que ser "antimadridista". Pues, francamente, esa aseveración me parece una falta de respeto al propio club colchonero. Parte de los males de un equipo pasan por que la afición esté más pendiente de lo que hace el vecino que de las actuaciones de la escuadra a la que apoyan.
Sin embargo, me parece más inconcebible cuando este tipo de sentimiento anida en los futbolistas, en los profesionales. Y no puedo evitar pensar que se trata de todo un síntoma de debilidad. Hace unas temporadas, cuando el Real Madrid ganaba títulos y caminaba con paso firme por las competiciones que disputaba, los jugadores evitaban pronunciarse sobre el eterno rival. Ante las mismas preguntas de los periodistas, respondían con palabras como "nosotros tenemos que estar a lo nuestro", "en los demás no nos fijamos", etc. No sé si Guti y Mejía buscaban con sus declaraciones acercarse más a un público enfadado con sus futbolistas por tres años consecutivos sin títulos. Si ha sido así, el intento habrá sido baldío porque al respetable no se le convence de esta forma.
El presidente del Barça, Joan Laporta, ha dicho recientemente que si el Real Madrid no existiera habría que inventarlo. Una prueba más de que Real y Barcelona se necesitan mutuamente. Pero a estas alturas conviene no olvidar los tiempos en que Joan Gaspart ocupaba el puesto de Laporta y deseaba todo tipo de males a su eterno rival. Entonces el Real Madrid estaba arriba y el Barça atravesaba una gran crisis. Florentino Pérez, por entonces presidente merengue, dijo de Gaspart que era un gran presidente y Gaspart reaccionó diciendo: "yo no quiero que diga que soy un gran presidente; hubiera preferido que dijera que soy un cabrón". Con el paso del tiempo es sencillo concluir que esas palabras no eran sino todo un síntoma de debilidad e impotencia. Dejemos avanzar el calendario y veamos que pensamos de los comentarios de Guti y Mejía.
domingo, abril 02, 2006
Carta a Juanito
Hola Juan:
Te escribo porque hoy hace 14 años que no estás con nosotros, que es ya un tiempo largo, y aunque no lo creas el vacío que dejaste sigue sin llenarse. Algo debías tener muy adentro, como las personas especiales. Quizá por eso te marchaste tan pronto.
Me supongo que sabrás que el Real Madrid, o lo que es lo mismo, tu vida, no atraviesa por su mejor momento. Se encuentra en una de esas malditas transiciones en las que parece que todos los cimientos del club se van a venir abajo. Algo sabes tú de eso. Me da la impresión de que si estuvieras entre nosotros los últimos años no te hubieran gustado demasiado, aunque siempre hubieras defendido a tu Madrid.
También habrá llegado a tus oidos que el día que el equipo perdió en Copa 6-1 en Zaragoza, Iker Casillas, que era un crío de 6 o 7 años cuando tú decidiste retirarte del Madrid y que todavía no había nacido cuando te dieron el botellazo en el pequeño Maracaná de Belgrado, dijo que para el partido de vuelta había que "apelar al espíritu de Juanito". Esa es la huella que has dejado en ese vestuario, que ni el paso del tiempo ni de tantas figuras estelares se ha llevado. En el minuto 7 de cada partido en el Bernabéu surge el cántico de "illa, illa, illa, Juanito maravilla". Y cuando la afición protesta por la falta de entrega de los futbolistas gritan: "once Juanitos, queremos once Juanitos".
Y han pasado 14 años. Aquella noche infernal, aquella noche que jamás debió existir, que muchos hubiéramos borrado del calendario. Cómo no, estaba el Madrid por medio. Te viniste a Madrid desde Mérida, donde trabajabas como entrenador del equipo de la ciudad, para ver al Real, a tu Real, en competición europea frente al Torino. Al acabar el partido, vuelta a Extremadura porque al día siguiente había entrenamiento. La maldita N-V y aquel camión lleno de troncos. Cuentan que ibas dormido en el asiento del copiloto, que ni te diste cuenta. Que comenzaste un sueño que se convirtió en eterno. ¡Quién sabe lo que estarías soñando esa noche! Seguro que algo bonito, que te convertías en entrenador del Real Madrid. Te diré una cosa, Juan: ese banquillo todavía te está esperando, desde entonces, porque está diseñado para ti. Escribió Jorge Valdano en el diario Marca, con motivo del homenaje que te tributó el club dos años después de tu muerte: "Me da pudor contarte que soy el nuevo entrenador del Real Madrid porque es como si te hubiera robado un sueño. ¿O me lo regalaste? No me extraña, si el corazón es lo único que tienes más grande que la cabeza".
Sabemos que en el vestuario te llamaban "cabezón". Y lo eras. Te empeñaste, no sé por qué, en ser malo sólo contigo. Porque la otra aseveración de Valdano también es cierta: tu corazón era enorme, no podías ver a nadie pasarlo mal a tu lado. Quizá por eso, atravesaste apuros económicos en algunas ocasiones. Quizá por eso, justo antes de contratarte el Mérida, cenabas un vaso de leche y una magdalena porque no tenías otra cosa, según el testimonio de José María García.
Sí, García, ¿te acuerdas? Cómo no te vas a acordar. Quince centímetros más y el botellazo a Juanito en Belgrado se hubiera convertido en el botellazo a García, que corría a tu lado enfundado en su célebre uniforme de color butano para recoger tus primeras impresiones. Ese García que también te entrevistó, ya desde un estudio, el día que dejaste la camiseta del Madrid y tus compañeros te levantaron en hombros. Como los toreros, como lo que eras tú. Te pusiste a llorar como un niño, diciendo que no lo merecías, que ni siquiera eras alguien de Madrid ni criado en esa cantera. Entre sollozos, sólo acertaste a decir: "es que esto es la hostia, Jose".
La afición también recuerda muchas de tus chiquilladas. En el fondo, nunca dejaste de ser un niño. Cómo olvidarse de tu cara, de chico arrepentido, sin apenas alzar los ojos, en una entrevista que los compañeros de TVE te hicieron en el Olímpico de Munich, tras el famoso partido en el que le pisaste la cara a Matthäus. Pedías perdón a la afición, a los compañeros por haberles dejado con uno menos. Como un niño, sólo después de hacer las travesuras te dabas cuenta de que aquello no estaba bien. Por eso te pusiste de rodillas delante de Andújar Oliver, para que no te expulsara. El club te lo había avisado: ni una roja más por protestar. Pero no podías ver a tus compañeros sufriendo. El día del pisotón a Matthäus, el centrocampista alemán acababa de hacer una entrada muy fea a Gallego. Chendo se lo recriminó empujándole y tirándole al suelo y tú le pisoteaste. Con Andújar discutías porque no dejaba que entraran las asistencias para atender a Pineda, que había tenido un fuerte encontronazo con Andoni Cedrún. Estoy seguro de que si las entradas de Matthäus y Cedrún te las hacen a ti, no hubieras sido expulsado en ninguno de los dos casos. Tú sólo fuiste malo contigo. Por cierto, Matthäus quedó consternado por tu muerte y dijo que si el Madrid te hacía un homenaje, él quería estar presente.
Y por encima de todo ello tu entrega, tu pundonor y tu garra. Tu sentimiento por unos colores, por una camiseta, por un escudo. Estuviste en aquellas grandes remontadas europeas recordadas hace poco por la fallida de Copa ante el Zaragoza. Fue en ellas donde surgió tu mítica frase de "en el Bernabéu, noventa minutis son molto longos". Muy longos, sobre todo para el rival. Si por algo recordamos la eliminatoria de la UEFA ante el Borussia Mönchengladbach es por tu carrera de banda a banda, dando saltos de alegría, con el puño en alto, arropado por 110.000 pares de manos batidas en aplausos, para ser sustituido, con el tiempo cumplido, una vez lograda la proeza de remontar un 5-1 a un equipo alemán.
Una de esas debería haber sido tu última imagen. No una tarde lluviosa en tu natal Fuengirola, rodeado de 50.000 personas que te dieron el último adiós. No un cuadro con tus compañeros llorosos portando el féretro. No una cara como la de Rafael Gordillo, siempre llena de alegría, con ojillos vivarachos, y que aquella tarde estaban hundidos, perdidos, mirando a ningún sitio. Conozco a algún joven madridista que con el carnet de conducir recién sacado abrió la puerta de su casa en Madrid y cuando sus padres le preguntaron: "¿a dónde vas?", respondió: "a Fuengirola, al entierro de Juanito". A aquella buena gente le costó un disgusto retener al chaval en el domicilio.
Hace unos años hicieron un montaje en Telemadrid con las imágenes del entierro y, de fondo, una canción que Alberto Cortez compuso cuando murió su padre. Un tema que comienza: "Cuando un amigo se va/ queda un espacio vacío/ que no lo puede llenar/ la llegada de otro amigo". Lo que te decía al principio. No hay quien llene el enorme hueco que dejaste.
Tú no eras un santo, que quede claro. Por eso tiene mucho más mérito haber dejado tras de ti esa estela.
Bueno Juan, me voy despidiendo porque casi no puedo ver ya la pantalla. Siempre me pasa lo mismo cuando recuerdo cosas tuyas. Será porque soy muy blando. O porque aún te sigo esperando, a sabiendas de que ya no vas a volver.
Un fuerte abrazo.
Te escribo porque hoy hace 14 años que no estás con nosotros, que es ya un tiempo largo, y aunque no lo creas el vacío que dejaste sigue sin llenarse. Algo debías tener muy adentro, como las personas especiales. Quizá por eso te marchaste tan pronto.
Me supongo que sabrás que el Real Madrid, o lo que es lo mismo, tu vida, no atraviesa por su mejor momento. Se encuentra en una de esas malditas transiciones en las que parece que todos los cimientos del club se van a venir abajo. Algo sabes tú de eso. Me da la impresión de que si estuvieras entre nosotros los últimos años no te hubieran gustado demasiado, aunque siempre hubieras defendido a tu Madrid.
También habrá llegado a tus oidos que el día que el equipo perdió en Copa 6-1 en Zaragoza, Iker Casillas, que era un crío de 6 o 7 años cuando tú decidiste retirarte del Madrid y que todavía no había nacido cuando te dieron el botellazo en el pequeño Maracaná de Belgrado, dijo que para el partido de vuelta había que "apelar al espíritu de Juanito". Esa es la huella que has dejado en ese vestuario, que ni el paso del tiempo ni de tantas figuras estelares se ha llevado. En el minuto 7 de cada partido en el Bernabéu surge el cántico de "illa, illa, illa, Juanito maravilla". Y cuando la afición protesta por la falta de entrega de los futbolistas gritan: "once Juanitos, queremos once Juanitos".
Y han pasado 14 años. Aquella noche infernal, aquella noche que jamás debió existir, que muchos hubiéramos borrado del calendario. Cómo no, estaba el Madrid por medio. Te viniste a Madrid desde Mérida, donde trabajabas como entrenador del equipo de la ciudad, para ver al Real, a tu Real, en competición europea frente al Torino. Al acabar el partido, vuelta a Extremadura porque al día siguiente había entrenamiento. La maldita N-V y aquel camión lleno de troncos. Cuentan que ibas dormido en el asiento del copiloto, que ni te diste cuenta. Que comenzaste un sueño que se convirtió en eterno. ¡Quién sabe lo que estarías soñando esa noche! Seguro que algo bonito, que te convertías en entrenador del Real Madrid. Te diré una cosa, Juan: ese banquillo todavía te está esperando, desde entonces, porque está diseñado para ti. Escribió Jorge Valdano en el diario Marca, con motivo del homenaje que te tributó el club dos años después de tu muerte: "Me da pudor contarte que soy el nuevo entrenador del Real Madrid porque es como si te hubiera robado un sueño. ¿O me lo regalaste? No me extraña, si el corazón es lo único que tienes más grande que la cabeza".
Sabemos que en el vestuario te llamaban "cabezón". Y lo eras. Te empeñaste, no sé por qué, en ser malo sólo contigo. Porque la otra aseveración de Valdano también es cierta: tu corazón era enorme, no podías ver a nadie pasarlo mal a tu lado. Quizá por eso, atravesaste apuros económicos en algunas ocasiones. Quizá por eso, justo antes de contratarte el Mérida, cenabas un vaso de leche y una magdalena porque no tenías otra cosa, según el testimonio de José María García.
Sí, García, ¿te acuerdas? Cómo no te vas a acordar. Quince centímetros más y el botellazo a Juanito en Belgrado se hubiera convertido en el botellazo a García, que corría a tu lado enfundado en su célebre uniforme de color butano para recoger tus primeras impresiones. Ese García que también te entrevistó, ya desde un estudio, el día que dejaste la camiseta del Madrid y tus compañeros te levantaron en hombros. Como los toreros, como lo que eras tú. Te pusiste a llorar como un niño, diciendo que no lo merecías, que ni siquiera eras alguien de Madrid ni criado en esa cantera. Entre sollozos, sólo acertaste a decir: "es que esto es la hostia, Jose".
La afición también recuerda muchas de tus chiquilladas. En el fondo, nunca dejaste de ser un niño. Cómo olvidarse de tu cara, de chico arrepentido, sin apenas alzar los ojos, en una entrevista que los compañeros de TVE te hicieron en el Olímpico de Munich, tras el famoso partido en el que le pisaste la cara a Matthäus. Pedías perdón a la afición, a los compañeros por haberles dejado con uno menos. Como un niño, sólo después de hacer las travesuras te dabas cuenta de que aquello no estaba bien. Por eso te pusiste de rodillas delante de Andújar Oliver, para que no te expulsara. El club te lo había avisado: ni una roja más por protestar. Pero no podías ver a tus compañeros sufriendo. El día del pisotón a Matthäus, el centrocampista alemán acababa de hacer una entrada muy fea a Gallego. Chendo se lo recriminó empujándole y tirándole al suelo y tú le pisoteaste. Con Andújar discutías porque no dejaba que entraran las asistencias para atender a Pineda, que había tenido un fuerte encontronazo con Andoni Cedrún. Estoy seguro de que si las entradas de Matthäus y Cedrún te las hacen a ti, no hubieras sido expulsado en ninguno de los dos casos. Tú sólo fuiste malo contigo. Por cierto, Matthäus quedó consternado por tu muerte y dijo que si el Madrid te hacía un homenaje, él quería estar presente.
Y por encima de todo ello tu entrega, tu pundonor y tu garra. Tu sentimiento por unos colores, por una camiseta, por un escudo. Estuviste en aquellas grandes remontadas europeas recordadas hace poco por la fallida de Copa ante el Zaragoza. Fue en ellas donde surgió tu mítica frase de "en el Bernabéu, noventa minutis son molto longos". Muy longos, sobre todo para el rival. Si por algo recordamos la eliminatoria de la UEFA ante el Borussia Mönchengladbach es por tu carrera de banda a banda, dando saltos de alegría, con el puño en alto, arropado por 110.000 pares de manos batidas en aplausos, para ser sustituido, con el tiempo cumplido, una vez lograda la proeza de remontar un 5-1 a un equipo alemán.
Una de esas debería haber sido tu última imagen. No una tarde lluviosa en tu natal Fuengirola, rodeado de 50.000 personas que te dieron el último adiós. No un cuadro con tus compañeros llorosos portando el féretro. No una cara como la de Rafael Gordillo, siempre llena de alegría, con ojillos vivarachos, y que aquella tarde estaban hundidos, perdidos, mirando a ningún sitio. Conozco a algún joven madridista que con el carnet de conducir recién sacado abrió la puerta de su casa en Madrid y cuando sus padres le preguntaron: "¿a dónde vas?", respondió: "a Fuengirola, al entierro de Juanito". A aquella buena gente le costó un disgusto retener al chaval en el domicilio.
Hace unos años hicieron un montaje en Telemadrid con las imágenes del entierro y, de fondo, una canción que Alberto Cortez compuso cuando murió su padre. Un tema que comienza: "Cuando un amigo se va/ queda un espacio vacío/ que no lo puede llenar/ la llegada de otro amigo". Lo que te decía al principio. No hay quien llene el enorme hueco que dejaste.
Tú no eras un santo, que quede claro. Por eso tiene mucho más mérito haber dejado tras de ti esa estela.
Bueno Juan, me voy despidiendo porque casi no puedo ver ya la pantalla. Siempre me pasa lo mismo cuando recuerdo cosas tuyas. Será porque soy muy blando. O porque aún te sigo esperando, a sabiendas de que ya no vas a volver.
Un fuerte abrazo.
miércoles, marzo 29, 2006
Ronaldo y el público del Bernabéu
Se ha escrito mucho de la relación entre Ronaldo y el público que frecuenta las gradas del Santiago Bernabéu, el de la Liga, el de abono. Muchas opiniones sostienen que entre ambas partes nunca ha habido química, sobre todo en los últimos tiempos, cuando han sido habituales los silbidos de los aficionados al delantero brasileño y también las críticas, más o menos veladas, de éste al respetable. Suele mencionarse igualmente el episodio de la entrega del balón de oro en el Bernabéu, con la grada coreando el nombre de Raúl.
Es una relación especial, que no quiere decir necesariamente mala. De no ser así, no se explicaría lo sucedido el pasado domingo. La primera media hora frente al Deportivo de La Coruña es de las peores que se recuerda a Ronaldo. Escondido en una banda, casi sin pisar área y con evidencias de no estar aún en forma, el brasileño colmó la paciencia de no pocos seguidores; incluso los más sosegados terminaron por estallar cuando Beckham alzó la cabeza en la línea de fondo, tras una buena jugada con Cicinho, y no encontró rematador mientras que Ronaldo trotaba en zona de tres cuartos como si con él no fuera la cosa. Tras una de esas jugadas en las que la indolencia de Ronaldo rozó los límites de lo permitido llegó la acción de su gol.
Y todo cambió. Ronie aprovechó el momento y realizó al borde del descanso una jugada individual en la que sorteó en eslálom a varios contrarios y no marcó por la buena actuación de Molina. Tras el descanso, unas pocas acciones más (en una de ellas falla un gol cantado por llegar tarde al balón que le cede Beckham) y llega la sustitución. Y allí está el público del Bernabéu, en pie, despidiendo a Ronaldo con una ovación. Jamás tan poco sudor levantó tantos aplausos.
No escuché, sin embargo, al ariete hablar del público, al que semanas atrás había acusado de no animar y de ir a por él junto con un sector de la prensa. Este es otro capítulo. Al día siguiente, la mayoría de los periodistas coincidían en señalar "el regreso" de Ronaldo cuando el rendimiento del brasileño no había distado mucho de otros que habían sido duramente criticados. Pero, obviamente, ni habló bien del público ni de la prensa.
Ni buena ni mala. La relación de Ronaldo con el público del Bernabéu es especial, enigmática y muchas veces incomprensible. Y que nadie dude que habrá quien le eche de menos si finalmente se marcha este verano del Real Madrid. Porque ese público tan exigente ha consentido a Ronaldo actitudes que no hubiera tolerado en otros casos.
Es una relación especial, que no quiere decir necesariamente mala. De no ser así, no se explicaría lo sucedido el pasado domingo. La primera media hora frente al Deportivo de La Coruña es de las peores que se recuerda a Ronaldo. Escondido en una banda, casi sin pisar área y con evidencias de no estar aún en forma, el brasileño colmó la paciencia de no pocos seguidores; incluso los más sosegados terminaron por estallar cuando Beckham alzó la cabeza en la línea de fondo, tras una buena jugada con Cicinho, y no encontró rematador mientras que Ronaldo trotaba en zona de tres cuartos como si con él no fuera la cosa. Tras una de esas jugadas en las que la indolencia de Ronaldo rozó los límites de lo permitido llegó la acción de su gol.
Y todo cambió. Ronie aprovechó el momento y realizó al borde del descanso una jugada individual en la que sorteó en eslálom a varios contrarios y no marcó por la buena actuación de Molina. Tras el descanso, unas pocas acciones más (en una de ellas falla un gol cantado por llegar tarde al balón que le cede Beckham) y llega la sustitución. Y allí está el público del Bernabéu, en pie, despidiendo a Ronaldo con una ovación. Jamás tan poco sudor levantó tantos aplausos.
No escuché, sin embargo, al ariete hablar del público, al que semanas atrás había acusado de no animar y de ir a por él junto con un sector de la prensa. Este es otro capítulo. Al día siguiente, la mayoría de los periodistas coincidían en señalar "el regreso" de Ronaldo cuando el rendimiento del brasileño no había distado mucho de otros que habían sido duramente criticados. Pero, obviamente, ni habló bien del público ni de la prensa.
Ni buena ni mala. La relación de Ronaldo con el público del Bernabéu es especial, enigmática y muchas veces incomprensible. Y que nadie dude que habrá quien le eche de menos si finalmente se marcha este verano del Real Madrid. Porque ese público tan exigente ha consentido a Ronaldo actitudes que no hubiera tolerado en otros casos.
lunes, marzo 27, 2006
El botellón
En las últimas semanas se están poniendo de moda los macrobotellones, convocados a golpe de mensaje de móvil o correo electrónico y, en algunos casos, auspiciados, protegidos y consentidos por las autoridades pertinentes (ya saben, si no puedes con el enemigo, únete a él). Lo único que sucede es que cuando se ha querido poner freno a la situación ya era demasiado tarde; los jóvenes y los no tan jóvenes se ríen de la prohibición de hacer botellón con estas concentraciones.
Algo parecido sucede en el fútbol. Lo de arrojar objetos al terreno de juego se convierte en práctica habitual y aquí no pasa nada, entre otras cuestiones porque los que tienen que sancionar están atados de pies y manos. El episodio del jueves en el Vicente Calderón es triste y lamentable desde varios puntos de vista. Es decir, no hay por dónde agarrarlo, se mire como se mire.
Después de caer unos cuantos objetos al terreno de juego, una lata de bebida impacta en Palop, portero del Sevilla. El colegiado, Ayza Gámez, recoge también una botella de cristal lanzada desde la grada. El partido se suspende. Y se reanuda media hora después, casi sin público, sin TV, pasada la medianoche (la hora del encuentro, 10 de la noche de un día laborable, también se las trae)...
O andamos muy desmemoriados o es cierto que hace tan sólo unas semanas se suspendió un partido, en Mestalla, porque un objeto alcanzó a un árbitro asistente. Pero el encuentro quedó definitivamente aplazado, a nadie se le ocurrió ordenar su reanudación. Como castigo, el Valencia tuvo que jugar lo que restaba de ese partido de Copa frente al Deportivo de La Coruña a puerta cerrada.
Pero debe ser que no es lo mismo acertar a un compañero del árbitro que al portero del equipo visitante. Por lo primero, merece la pena suspender el partido y castigar duramente al propietario del terreno de juego. Por lo segundo, con que se calmen los ánimos y se vaya el público, es suficiente. No parece lo más adecuado. Ambos escenarios merecen la misma medida: partido suspendido y que decidan los comités correspondientes.
Claro que puestos a pensar mal (o no tan mal) hubiera resultado realmente delicado aplazar el partido y dejar para otro día la disputa de los minutos restantes. No hay que olvidar que uno de los contendientes, el Sevilla, está aún vivo en la Copa de la UEFA, y que gracias al calendario diseñado por algún genio (además de circunstancias como las dos semanas de vacaciones de Navidad, los 20 equipos en Primera, etc), las fechas libres de aquí al final de la temporada son escasas. Tampoco sobra apuntar que algunos en la Federación Española de Fútbol deben estar aún dando saltos de alegría porque al Español le eliminaron de la UEFA, ya que sólo esta circunstancia ha hecho posible que la final de la Copa del Rey conociera a los dos contendientes antes de su disputa. Vamos, que había que terminar ese partido sí o sí, tiraran botellas de whisky o cocodrilos al terreno de juego.
Llegados a los comités nos encontramos con otro problema. El castigo de cerrar el campo suena a broma cuando el F.C.Barcelona aún no ha cumplido (ni seguramente cumplirá ya) los dos partidos de clausura por los que fue sancionado debido a los tristemente célebres incidentes acaecidos en el partido de Liga contra el Real Madrid, el de la famosa cabeza de cochinillo y la botella, curiosamente también de whisky, arrojados desde la grada. Como aquí hay para todos, ni se conoce sanción para el Real Madrid por permitir que dos sujetos (además, conocidos y suficientemente identificados con los nombres de Mark Roberts y Jimmy Jump) saltaran al terreno de juego en el partido de la primera vuelta contra el Barcelona. Y así, castigar ahora al Atlético de Madrid se hace cuesta arriba. Sanción económica ínfima y a otra cosa.
Me da la impresión de que ocurre lo mismo que con los botellones: cuando se quiera poner fin a esta situación será demasiado tarde. Al menos, espero que la Federación no permita u organice un partido con permisividad de lanzamiento de objetos al terreno de juego, aunque con las medidas tomadas en el Atlético-Sevilla ha dado un primer paso.
Algo parecido sucede en el fútbol. Lo de arrojar objetos al terreno de juego se convierte en práctica habitual y aquí no pasa nada, entre otras cuestiones porque los que tienen que sancionar están atados de pies y manos. El episodio del jueves en el Vicente Calderón es triste y lamentable desde varios puntos de vista. Es decir, no hay por dónde agarrarlo, se mire como se mire.
Después de caer unos cuantos objetos al terreno de juego, una lata de bebida impacta en Palop, portero del Sevilla. El colegiado, Ayza Gámez, recoge también una botella de cristal lanzada desde la grada. El partido se suspende. Y se reanuda media hora después, casi sin público, sin TV, pasada la medianoche (la hora del encuentro, 10 de la noche de un día laborable, también se las trae)...
O andamos muy desmemoriados o es cierto que hace tan sólo unas semanas se suspendió un partido, en Mestalla, porque un objeto alcanzó a un árbitro asistente. Pero el encuentro quedó definitivamente aplazado, a nadie se le ocurrió ordenar su reanudación. Como castigo, el Valencia tuvo que jugar lo que restaba de ese partido de Copa frente al Deportivo de La Coruña a puerta cerrada.
Pero debe ser que no es lo mismo acertar a un compañero del árbitro que al portero del equipo visitante. Por lo primero, merece la pena suspender el partido y castigar duramente al propietario del terreno de juego. Por lo segundo, con que se calmen los ánimos y se vaya el público, es suficiente. No parece lo más adecuado. Ambos escenarios merecen la misma medida: partido suspendido y que decidan los comités correspondientes.
Claro que puestos a pensar mal (o no tan mal) hubiera resultado realmente delicado aplazar el partido y dejar para otro día la disputa de los minutos restantes. No hay que olvidar que uno de los contendientes, el Sevilla, está aún vivo en la Copa de la UEFA, y que gracias al calendario diseñado por algún genio (además de circunstancias como las dos semanas de vacaciones de Navidad, los 20 equipos en Primera, etc), las fechas libres de aquí al final de la temporada son escasas. Tampoco sobra apuntar que algunos en la Federación Española de Fútbol deben estar aún dando saltos de alegría porque al Español le eliminaron de la UEFA, ya que sólo esta circunstancia ha hecho posible que la final de la Copa del Rey conociera a los dos contendientes antes de su disputa. Vamos, que había que terminar ese partido sí o sí, tiraran botellas de whisky o cocodrilos al terreno de juego.
Llegados a los comités nos encontramos con otro problema. El castigo de cerrar el campo suena a broma cuando el F.C.Barcelona aún no ha cumplido (ni seguramente cumplirá ya) los dos partidos de clausura por los que fue sancionado debido a los tristemente célebres incidentes acaecidos en el partido de Liga contra el Real Madrid, el de la famosa cabeza de cochinillo y la botella, curiosamente también de whisky, arrojados desde la grada. Como aquí hay para todos, ni se conoce sanción para el Real Madrid por permitir que dos sujetos (además, conocidos y suficientemente identificados con los nombres de Mark Roberts y Jimmy Jump) saltaran al terreno de juego en el partido de la primera vuelta contra el Barcelona. Y así, castigar ahora al Atlético de Madrid se hace cuesta arriba. Sanción económica ínfima y a otra cosa.
Me da la impresión de que ocurre lo mismo que con los botellones: cuando se quiera poner fin a esta situación será demasiado tarde. Al menos, espero que la Federación no permita u organice un partido con permisividad de lanzamiento de objetos al terreno de juego, aunque con las medidas tomadas en el Atlético-Sevilla ha dado un primer paso.
martes, marzo 21, 2006
No lucharán por ser segundos
Es obvio que lo que resta de temporada va a ser un calvario para el Real Madrid: sin aspiraciones, sin posibilidades de títulos, sin motivación y con el mal ambiente que suele rodear estas circunstancias. Pero dicen que quien siembra vientos recoge tempestades. Por este lado, hay poco más que aportar.
A principios de enero, se publicó en este mismo blog que el objetivo del equipo merengue en la Liga estaba en luchar por la segunda plaza, que da acceso directo a la próxima edición de la Champions. Sin embargo, ateniéndonos a la experiencia de los últimos años y con la marejada que se vive en las cercanías del Santiago Bernabéu, también veo complicada la consecución de esta meta.
En la temporada 1999/2000, el Real Madrid se quedó sin opciones de Liga en la recta final de un campeonato que se disputaron hasta última hora el Deportivo de La Coruña, vencedor definitivo, y el Barcelona. Aquel equipo, al que ya entrenaba Vicente del Bosque, no hizo el más mínimo esfuerzo por asegurar el segundo puesto; es más, se abandonó tanto en la Liga que perdió los cuatro últimos partidos en casa y finalizó la competición en quinto lugar, es decir, fuera de los puestos de Liga de Campeones. Toda la temporada quedó a expensas de un sólo encuentro: la final de la Champions en París frente al Valencia, que terminó venciendo por 3-0.
Dos años después, con el Valencia claramente destacado en cabeza de la Liga, el Real Madrid volvió a fiarlo todo en la máxima competición europea. En este caso, tuvo la consecución del segundo puesto, que le aseguraba acceso directo a la Champions, en su mano. En el último partido de Liga se enfrentaba al Deportivo de La Coruña, al que llevaba un punto de diferencia. El equipo blanco cayó con estrépito (3-0), se dejó arrebatar el segundo puesto por la escuadra gallega y volvió a depender de lo que sucediera en la final de la Liga de Campeones, que ganó de nuevo, en este caso al Bayer Leverkusen en Glasgow.
En 2004, tras el fiasco de la final de Copa en Barcelona frente al Zaragoza, el Real Madrid cayó en picado y, una vez superado por el Valencia, volvió a sentirse sin fuerzas ni ganas para luchar por la segunda plaza. De los últimos seis partidos de Liga perdió cinco (sólo venció al Atlético de Madrid en el Vicente Calderón) y terminó en cuarto lugar. En este caso, no hubo triunfo en Champions, lo que le obligó a jugar la fase previa al comienzo de la siguiente temporada. La excepción en estos últimos años se dio en el pasado ejercicio, cuando el Real Madrid finalizó la Liga en segundo lugar. Pero entonces, el equipo blanco se situó a seis puntos del Barcelona cuando aún restaban unas cuantas jornadas para terminar el torneo de la regularidad. El sprint final no fue para asegurar el segundo puesto sino para intentar un asalto, difícil pero posible, al campeonato.
La experiencia de estos años y la actitud del equipo en los últimos dos encuentros nos vuelve a mostrar que el Madrid no va a luchar por quedar segundo. Además, este año se da un factor novedoso e importante: algunos de los miembros de la actual plantilla no seguirán en ella, incluído el entrenador. Su compromiso para asegurar un buen futuro es mínimo. Y aquí entra en juego el nuevo presidente. Es necesaria una revolución pero debe ser silenciosa. Por la ausencia de ese silencio se explican actuaciones en rueda de prensa como las de Míchel Salgado y Roberto Carlos durante la semana pasada. "No voy a dejar que otros jugadores utilicen la camiseta con el número 3", aseguró el lateral brasileño. Sonó demasiado a las palabras pronunciadas a pie de campo por Hugo Sánchez, cuando su salida del Madrid estaba cantada: "quiero conocer a ese macho que va a meter más goles que yo". Ni Hugo estuvo a la altura aquel último año ni "ese macho" (Iván Zamorano) marcó más tantos que el mexicano.
Las declaraciones de futbolistas y entrenador irán en la línea de "aún hay posibilidades", "vamos a por la Liga". Si alguno se sale del discurso será pertinentemente aleccionado, como hizo Fernando Martín con Iker Casillas. Pero ahora, el objetivo de los jugadores es que la temporada se termine lo antes posible. Cuando acabe conocerán su futuro, lo que realmente les interesa.
P.D. Por cierto, acabo de enterarme de que Onda Madrid se ha hecho con un informe que había realizado Benito Floro, todavía director deportivo del Real Madrid. La semana pasada se supo que Floro no seguirá en el club, tras una reunión que mantuvo con el presidente. Nunca le tuve por un tipo excesivamente inteligente, aunque esa es una opinión personal. Lo que sí debe tener en cuenta aquél que quiera contratar a Floro es que no parece excesivamente discreto o atento con la documentación que maneja. Y esto ya es un hecho contrastado.
A principios de enero, se publicó en este mismo blog que el objetivo del equipo merengue en la Liga estaba en luchar por la segunda plaza, que da acceso directo a la próxima edición de la Champions. Sin embargo, ateniéndonos a la experiencia de los últimos años y con la marejada que se vive en las cercanías del Santiago Bernabéu, también veo complicada la consecución de esta meta.
En la temporada 1999/2000, el Real Madrid se quedó sin opciones de Liga en la recta final de un campeonato que se disputaron hasta última hora el Deportivo de La Coruña, vencedor definitivo, y el Barcelona. Aquel equipo, al que ya entrenaba Vicente del Bosque, no hizo el más mínimo esfuerzo por asegurar el segundo puesto; es más, se abandonó tanto en la Liga que perdió los cuatro últimos partidos en casa y finalizó la competición en quinto lugar, es decir, fuera de los puestos de Liga de Campeones. Toda la temporada quedó a expensas de un sólo encuentro: la final de la Champions en París frente al Valencia, que terminó venciendo por 3-0.
Dos años después, con el Valencia claramente destacado en cabeza de la Liga, el Real Madrid volvió a fiarlo todo en la máxima competición europea. En este caso, tuvo la consecución del segundo puesto, que le aseguraba acceso directo a la Champions, en su mano. En el último partido de Liga se enfrentaba al Deportivo de La Coruña, al que llevaba un punto de diferencia. El equipo blanco cayó con estrépito (3-0), se dejó arrebatar el segundo puesto por la escuadra gallega y volvió a depender de lo que sucediera en la final de la Liga de Campeones, que ganó de nuevo, en este caso al Bayer Leverkusen en Glasgow.
En 2004, tras el fiasco de la final de Copa en Barcelona frente al Zaragoza, el Real Madrid cayó en picado y, una vez superado por el Valencia, volvió a sentirse sin fuerzas ni ganas para luchar por la segunda plaza. De los últimos seis partidos de Liga perdió cinco (sólo venció al Atlético de Madrid en el Vicente Calderón) y terminó en cuarto lugar. En este caso, no hubo triunfo en Champions, lo que le obligó a jugar la fase previa al comienzo de la siguiente temporada. La excepción en estos últimos años se dio en el pasado ejercicio, cuando el Real Madrid finalizó la Liga en segundo lugar. Pero entonces, el equipo blanco se situó a seis puntos del Barcelona cuando aún restaban unas cuantas jornadas para terminar el torneo de la regularidad. El sprint final no fue para asegurar el segundo puesto sino para intentar un asalto, difícil pero posible, al campeonato.
La experiencia de estos años y la actitud del equipo en los últimos dos encuentros nos vuelve a mostrar que el Madrid no va a luchar por quedar segundo. Además, este año se da un factor novedoso e importante: algunos de los miembros de la actual plantilla no seguirán en ella, incluído el entrenador. Su compromiso para asegurar un buen futuro es mínimo. Y aquí entra en juego el nuevo presidente. Es necesaria una revolución pero debe ser silenciosa. Por la ausencia de ese silencio se explican actuaciones en rueda de prensa como las de Míchel Salgado y Roberto Carlos durante la semana pasada. "No voy a dejar que otros jugadores utilicen la camiseta con el número 3", aseguró el lateral brasileño. Sonó demasiado a las palabras pronunciadas a pie de campo por Hugo Sánchez, cuando su salida del Madrid estaba cantada: "quiero conocer a ese macho que va a meter más goles que yo". Ni Hugo estuvo a la altura aquel último año ni "ese macho" (Iván Zamorano) marcó más tantos que el mexicano.
Las declaraciones de futbolistas y entrenador irán en la línea de "aún hay posibilidades", "vamos a por la Liga". Si alguno se sale del discurso será pertinentemente aleccionado, como hizo Fernando Martín con Iker Casillas. Pero ahora, el objetivo de los jugadores es que la temporada se termine lo antes posible. Cuando acabe conocerán su futuro, lo que realmente les interesa.
P.D. Por cierto, acabo de enterarme de que Onda Madrid se ha hecho con un informe que había realizado Benito Floro, todavía director deportivo del Real Madrid. La semana pasada se supo que Floro no seguirá en el club, tras una reunión que mantuvo con el presidente. Nunca le tuve por un tipo excesivamente inteligente, aunque esa es una opinión personal. Lo que sí debe tener en cuenta aquél que quiera contratar a Floro es que no parece excesivamente discreto o atento con la documentación que maneja. Y esto ya es un hecho contrastado.
jueves, marzo 16, 2006
La parada imposible
Para Jesús Rollán, in memoriam
Verano de 1996. Domingo por la tarde. Me dispongo a encender el televisor y pasar unos cuantos minutos de máxima emoción. Estamos en plenos Juegos Olímpicos de Atlanta y se disputa la final de waterpolo: España-Croacia. A nuestra selección le falta el oro en esta competición y lo va a lograr. Y una frase retumba y atrona durante la retransmisión, con el peculiar estilo del compañero de TVE especializado en natación Pepe Ruiz Orland: "¡Paró Rollán, paró Rollán, paró Rollán!". La victoria final de la selección es la constatación del éxito rotundo de un grupo admirable de deportistas. Y también de que Rollán es el mejor portero del mundo.
Ya lo era cuatro años antes, cuando España tuvo que conformarse en Barcelona con la plata frente a Italia, en una final interminable, con igualdad absoluta traducida en numerosas prórrogas y con un público entregado, incluída la familia real.
Por eso, daba especial alegría ver a Rollán, junto con los Estiarte, Oca, Moro, Pedrerol, Marcos, Ballart (el del bañador de las calaveras y las tibias) saltar en un pasillo de la residencia en la Villa Olímpica al grito de "¡Sí, sí, sí, el oro ya está aquí!". Aquella cita de Atlanta contempló en numerosas ocasiones el ritual del mejor guardameta sobre el agua: estirar los brazos, detener el balón amarillo, puño en alto para celebrarlo, para después agarrar fuerte la bola con las dos manos y besarla. Acto seguido, con rostro de máxima concentración, buscar un compañero desmarcado.
En condiciones normales, Rollán debería haber sido una gloria en España. Fue considerado durante mucho tiempo como el mejor portero del mundo, dio el salto sin problemas a la Liga italiana, la NBA del waterpolo, donde los contratos presentan cifras mareantes. Pero se topó con la maldición de los deportes minoritarios. Ni TV, ni entrevistas, ni medios... ni mucho dinero. Rollán representa, junto al gran Manel Estiarte, la evolución de uno de los deportes que más alegrías ha dado a la afición en los últimos años. La transición con Dragan Matutinovic de entrenador, la llegada y triunfo de Joan Jané... y los éxitos. Para añadir a Atlanta, el oro en el Mundial de Perth (Australia), en el que, tras la entrega de medallas, se produjo un hecho insólito. La megafonía de la piscina sufrió un fallo que impedía que sonara el himno nacional en honor a los campeones. Ni cortos ni perezosos, los jugadores españoles empezaron a tararearlo en voz alta, lo que arrancó el aplauso de los aficionados ante tal muestra de espontaneidad. Y de fondo, siempre la sonrisa de Rollán.
Hace unos días conocimos la noticia de su muerte, tras precipitarse desde un balcón. Porque la vida, al margen de lo anterior, también es un matrimonio fallido, también es una hija de corta edad a la que apenas se puede ver; la vida también es subir al tren de Italia un poco tarde y tener que regresar antes de tiempo, para retirarte sin cámaras, sin portadas, sin atenciones... Porque la vida debe ser muy complicada; la vida es un balón que Jesús Rollán no pudo detener. Y era el número uno en estas lides. La vida también es un puerto con el que no pudieron Chaba Jiménez ni Marco Pantani, un púgil que derrotó por K.O. a Urtain.
En los Juegos de Sydney 2000 comenzó a cerrarse ese ciclo histórico del waterpolo español. Tras perder el partido que nos dejaba fuera de las medallas, el gran Estiarte pidió a los medios que no le hicieran más preguntas: "mis compañeros están en el vestuario y tengo que entrar a llorar con ellos", dijo ante las cámaras. Llevaba el rostro desencajado por el esfuerzo estéril. Como el día de la incineración de Rollán.
Verano de 1996. Domingo por la tarde. Me dispongo a encender el televisor y pasar unos cuantos minutos de máxima emoción. Estamos en plenos Juegos Olímpicos de Atlanta y se disputa la final de waterpolo: España-Croacia. A nuestra selección le falta el oro en esta competición y lo va a lograr. Y una frase retumba y atrona durante la retransmisión, con el peculiar estilo del compañero de TVE especializado en natación Pepe Ruiz Orland: "¡Paró Rollán, paró Rollán, paró Rollán!". La victoria final de la selección es la constatación del éxito rotundo de un grupo admirable de deportistas. Y también de que Rollán es el mejor portero del mundo.
Ya lo era cuatro años antes, cuando España tuvo que conformarse en Barcelona con la plata frente a Italia, en una final interminable, con igualdad absoluta traducida en numerosas prórrogas y con un público entregado, incluída la familia real.
Por eso, daba especial alegría ver a Rollán, junto con los Estiarte, Oca, Moro, Pedrerol, Marcos, Ballart (el del bañador de las calaveras y las tibias) saltar en un pasillo de la residencia en la Villa Olímpica al grito de "¡Sí, sí, sí, el oro ya está aquí!". Aquella cita de Atlanta contempló en numerosas ocasiones el ritual del mejor guardameta sobre el agua: estirar los brazos, detener el balón amarillo, puño en alto para celebrarlo, para después agarrar fuerte la bola con las dos manos y besarla. Acto seguido, con rostro de máxima concentración, buscar un compañero desmarcado.
En condiciones normales, Rollán debería haber sido una gloria en España. Fue considerado durante mucho tiempo como el mejor portero del mundo, dio el salto sin problemas a la Liga italiana, la NBA del waterpolo, donde los contratos presentan cifras mareantes. Pero se topó con la maldición de los deportes minoritarios. Ni TV, ni entrevistas, ni medios... ni mucho dinero. Rollán representa, junto al gran Manel Estiarte, la evolución de uno de los deportes que más alegrías ha dado a la afición en los últimos años. La transición con Dragan Matutinovic de entrenador, la llegada y triunfo de Joan Jané... y los éxitos. Para añadir a Atlanta, el oro en el Mundial de Perth (Australia), en el que, tras la entrega de medallas, se produjo un hecho insólito. La megafonía de la piscina sufrió un fallo que impedía que sonara el himno nacional en honor a los campeones. Ni cortos ni perezosos, los jugadores españoles empezaron a tararearlo en voz alta, lo que arrancó el aplauso de los aficionados ante tal muestra de espontaneidad. Y de fondo, siempre la sonrisa de Rollán.
Hace unos días conocimos la noticia de su muerte, tras precipitarse desde un balcón. Porque la vida, al margen de lo anterior, también es un matrimonio fallido, también es una hija de corta edad a la que apenas se puede ver; la vida también es subir al tren de Italia un poco tarde y tener que regresar antes de tiempo, para retirarte sin cámaras, sin portadas, sin atenciones... Porque la vida debe ser muy complicada; la vida es un balón que Jesús Rollán no pudo detener. Y era el número uno en estas lides. La vida también es un puerto con el que no pudieron Chaba Jiménez ni Marco Pantani, un púgil que derrotó por K.O. a Urtain.
En los Juegos de Sydney 2000 comenzó a cerrarse ese ciclo histórico del waterpolo español. Tras perder el partido que nos dejaba fuera de las medallas, el gran Estiarte pidió a los medios que no le hicieran más preguntas: "mis compañeros están en el vestuario y tengo que entrar a llorar con ellos", dijo ante las cámaras. Llevaba el rostro desencajado por el esfuerzo estéril. Como el día de la incineración de Rollán.
miércoles, marzo 15, 2006
Si yo fuera Bernabéu...
Uno de los pecados capitales de Florentino Pérez fue querer ser como don Santiago Bernabéu. Y quizá no tanto por lo ambicioso de la empresa como por la forma de hacerlo. Las referencias de Pérez al histórico mandatario merengue eran continuas. Estaba claro, era su modelo, su horizonte.
Es posible que al Real Madrid le hubiera ido mejor si su presidente se hubiera dedicado a ser él mismo, en lugar de intentar seguir los pasos de Bernabéu. Pérez logró hacerlo en aspectos muy llamativos, como la construcción de la nueva ciudad deportiva y los fichajes de futbolistas de primer orden.
Sin embargo, alguna vez ya hemos comentado que en el mundo del deporte en general y en el del fútbol en particular la situación está dominada por las pequeñas cosas, lo que algunos técnicos de baloncesto gustan de llamar "los intangibles". Y ésos son los detalles de Bernabéu que Florentino Pérez ni siquiera ha sido capaz de intuir.
Fijémonos simplemente en dos detalles. En su rueda de prensa de despedida, tras hacer pública su dimisión, Pérez señaló que la necesaria renovación del equipo debería hacerla otra persona, que no tuviera el compromiso y la deuda con las estrellas del club. Si nos vamos a la época de Bernabéu nos encontramos con un caso que los habituales de este blog ya conocen. Tras la derrota en la final de la Copa de Europa disputada en Atenas frente a un joven e ilusionante Inter de Milán, Bernabéu pide al entrenador, Miguel Muñoz, que le haga una lista de posibles bajas con el fin de remozar la plantilla. El primer nombre que Muñoz colocó en la relación fue Alfredo di Stéfano. Florentino lo hubiera considerado poco menos que una herejía. Bernabéu salió en busca de su fiel gerente Antonio Calderón y le dijo: "ofrece a Di Stéfano un puesto en el club, el que le apetezca; menos futbolista, el que quiera". La anécdota la ha contado en numerosas ocasiones Julián García Candau, biógrafo de don Santiago.
El segundo detalle se refiere a la ya famosa frase de Florentino respecto a la "mala educación" que había dado a los futbolistas. Bernabéu no los educó mal porque los conocía de sobra. Y una buena prueba la refleja el periodista Martín Semprún cuando recoge en su libro Santiago Bernabéu, la causa la opinión que de los jugadores tenía el sempiterno presidente. Decía que los futbolistas eran como los gatos y los sobrinos. Cuando un gato tiene hambre da vueltas a tu alrededor, maulla y hace ruidos extraños hasta que le echas algo de comer. Al conseguir la raspa de pescado, el gato se marcha y no quiere saber más de ti. De los sobrinos decía que cuando van por la calle y alguien les pregunta por su tío, su respuesta dependerá del poder adquisitivo de éste. Si es rico, contestarán: "mi tío bien; la semana pasada estuve a verle y hoy voy otra vez"; si es pobre dirán simplemente: "hace dos años que no sé nada de mi tío".
Al hilo de estas anécdotas, alguno puede pensar que Bernabéu no quería a los futbolistas. Nada más lejos de la realidad. Quienes bien le conocieron saben que los trataba como si fueran hijos. Más de una persona muy cercana a él ha comentado que Di Stéfano fue como el hijo que nunca pudo tener con doña María, su esposa. Pero precisamente porque los quería también los conocía y sabía dónde tenía que poner el freno.
En una de sus recientes visitas a Madrid, Pelé fue entrevistado por Real Madrid TV y le preguntaron si Robinho podría ser como él. El astro brasileño señaló que le hacía gracia cuando le hacían ese tipo de preguntas y lo argumentaba con una aplastante lógica: "podrá haber un futbolista mejor que Pelé, seguro; pero uno como Pelé es imposible porque cuando me hicieron, mi papá y mi mamá rompieron el molde". En su empeño por lograr el imposible de ser como Bernabéu, Florentino fue incapaz de dar continuidad a su propio proyecto.
P.D. Muchas gracias a todos por vuestros comentarios de ánimo y la comprensión después de que el blog estuviera parado durante unos días. Trataré de recuperar el tiempo y ponerme al día con los comentarios. Mil gracias a todos por vuestra fidelidad.
Es posible que al Real Madrid le hubiera ido mejor si su presidente se hubiera dedicado a ser él mismo, en lugar de intentar seguir los pasos de Bernabéu. Pérez logró hacerlo en aspectos muy llamativos, como la construcción de la nueva ciudad deportiva y los fichajes de futbolistas de primer orden.
Sin embargo, alguna vez ya hemos comentado que en el mundo del deporte en general y en el del fútbol en particular la situación está dominada por las pequeñas cosas, lo que algunos técnicos de baloncesto gustan de llamar "los intangibles". Y ésos son los detalles de Bernabéu que Florentino Pérez ni siquiera ha sido capaz de intuir.
Fijémonos simplemente en dos detalles. En su rueda de prensa de despedida, tras hacer pública su dimisión, Pérez señaló que la necesaria renovación del equipo debería hacerla otra persona, que no tuviera el compromiso y la deuda con las estrellas del club. Si nos vamos a la época de Bernabéu nos encontramos con un caso que los habituales de este blog ya conocen. Tras la derrota en la final de la Copa de Europa disputada en Atenas frente a un joven e ilusionante Inter de Milán, Bernabéu pide al entrenador, Miguel Muñoz, que le haga una lista de posibles bajas con el fin de remozar la plantilla. El primer nombre que Muñoz colocó en la relación fue Alfredo di Stéfano. Florentino lo hubiera considerado poco menos que una herejía. Bernabéu salió en busca de su fiel gerente Antonio Calderón y le dijo: "ofrece a Di Stéfano un puesto en el club, el que le apetezca; menos futbolista, el que quiera". La anécdota la ha contado en numerosas ocasiones Julián García Candau, biógrafo de don Santiago.
El segundo detalle se refiere a la ya famosa frase de Florentino respecto a la "mala educación" que había dado a los futbolistas. Bernabéu no los educó mal porque los conocía de sobra. Y una buena prueba la refleja el periodista Martín Semprún cuando recoge en su libro Santiago Bernabéu, la causa la opinión que de los jugadores tenía el sempiterno presidente. Decía que los futbolistas eran como los gatos y los sobrinos. Cuando un gato tiene hambre da vueltas a tu alrededor, maulla y hace ruidos extraños hasta que le echas algo de comer. Al conseguir la raspa de pescado, el gato se marcha y no quiere saber más de ti. De los sobrinos decía que cuando van por la calle y alguien les pregunta por su tío, su respuesta dependerá del poder adquisitivo de éste. Si es rico, contestarán: "mi tío bien; la semana pasada estuve a verle y hoy voy otra vez"; si es pobre dirán simplemente: "hace dos años que no sé nada de mi tío".
Al hilo de estas anécdotas, alguno puede pensar que Bernabéu no quería a los futbolistas. Nada más lejos de la realidad. Quienes bien le conocieron saben que los trataba como si fueran hijos. Más de una persona muy cercana a él ha comentado que Di Stéfano fue como el hijo que nunca pudo tener con doña María, su esposa. Pero precisamente porque los quería también los conocía y sabía dónde tenía que poner el freno.
En una de sus recientes visitas a Madrid, Pelé fue entrevistado por Real Madrid TV y le preguntaron si Robinho podría ser como él. El astro brasileño señaló que le hacía gracia cuando le hacían ese tipo de preguntas y lo argumentaba con una aplastante lógica: "podrá haber un futbolista mejor que Pelé, seguro; pero uno como Pelé es imposible porque cuando me hicieron, mi papá y mi mamá rompieron el molde". En su empeño por lograr el imposible de ser como Bernabéu, Florentino fue incapaz de dar continuidad a su propio proyecto.
P.D. Muchas gracias a todos por vuestros comentarios de ánimo y la comprensión después de que el blog estuviera parado durante unos días. Trataré de recuperar el tiempo y ponerme al día con los comentarios. Mil gracias a todos por vuestra fidelidad.
miércoles, marzo 01, 2006
Frankenstein Pérez
Florentino Pérez acabó siendo víctima del monstruo que él mismo creó, como le sucede al protagonista de Frankenstein, la novela escrita por una jovencísima Mary Shelley. Todo ha terminado cuando el ya ex presidente del Real Madrid se ha dado cuenta de que la única salida era modificar al monstruo, cambiar sus partes fundamentales. Entonces ha preferido que el necesario trabajo lo haga otro. Florentino Pérez se ha comportado como el cirujano incapaz de operar a su propio hijo de una grave enfermedad. El lunes, Pérez se "quitó la faja" y lo confesó todo: "quizá he maleducado a mis jugadores", aseguró en rueda de prensa; "la renovación la va a hacer mi sucesor con más libertad e ilusión", confesó después a Real Madrid TV.
Los sucesivos intentos de reanimación se han quedado por el camino: cambios de entrenador, arengas a los futbolistas, relevos en la dirección deportiva... El único palo que quedaba por tocar era el de los futbolistas. Y antes de acometer la renovación ha preferido hacer mutis por el foro. Han fallado los pronósticos de los que cada verano aseveraban que a Florentino Pérez "no le va a temblar la mano" a la hora de dar bajas y proceder a la renovación del equipo.
La dimisión de Florentino se ha hecho efectiva un lunes. No podría ser de otra forma. Este día de la semana, antipático para muchos, ha marcado la trayectoria de Pérez en el Real Madrid. Un lunes, 17 de julio de 2000, fue proclamado presidente, tras confirmarse una victoria electoral contra pronóstico frente al entonces inquilino del palco del Bernabéu, Lorenzo Sanz. Un lunes, 23 de junio de 2003, Pérez presidió una junta que cambió el rumbo de la nave blanca. Tomó las decisiones de no renovar a Hierro y, sobre todo, a Vicente del Bosque. Florentino tocó una de las piezas más sensibles del monstruo, creyendo que no pasaría nada, que el proyecto era tan sólido que se podía jugar a ser Dios. Y fue a tocar donde jamás debió ni siquiera asomarse. A partir de entonces, una cadena de errores, uno tras otro, hasta desembocar en otro lunes con noticia, 27 de febrero de 2006: Florentino dimite.
Para unos, un ejemplo de honestidad; para otros, un cobarde y, además, inoportuno por encontrarnos a media temporada. El debate me ha sonado al que se generó tras la renuncia de Camacho a seguir ocupando el banquillo merengue. Florentino Pérez también probó de esa medicina: sentirse incapaz de gobernar la nave. Particularmente aplaudo la decisión. Lo más sencillo es echar a los demás. Pero es complicado echarse a sí mismo. Y más de uno ha hecho esa reflexión: "igual, el que sobra soy yo". Pero muy pocos actúan en consecuencia, porque siempre es más sencillo echar la culpa a los demás.
Hace tan sólo unos dias, Ronaldo se quejaba de la dureza del público del Bernabéu. Para los presidentes, la historia tampoco es sencilla. Lorenzo Sanz perdió las elecciones tras ganar dos Copas de Europa en tres años. Entonces, no gustaban ni su gestión económica ni sus maneras a la hora de gobernar el club. Florentino Pérez se ve obligado a marcharse de forma anticipada, tras sanear la economía del Real Madrid y situarle a la cabeza de los clubs de fútbol por ingresos. La afición no le perdonará tres años consecutivos sin títulos. A pesar de Figo, de Zidane, de una nueva Champions... Aviso para el relevo, Fernando Martín, y los que llegarán.
Pérez ha sido un presidente singular. El madridismo deberá agradecerle la modernizacion del club y el haber logrado unir a los mejores futbolistas del momento bajo el manto de la camiseta blanca. Pero también debe reprocharle su excesiva implicación en el proyecto deportivo que ha desembocado en tres años consecutivos sin ganar nada.
Capítulo aparte merecen los futbolistas que, de momento, salen indemnes de toda esta historia, que ha terminado con algunos entrenadores e incluso con un presidente. Quizá también haya llegado su momento. Lo veremos a partir del sábado. Y también en junio, cuando se conozca la lista de bajas. Nunca sabremos cuál sería la de Florentino Pérez. Pero la de Martín podría ser amplia.
Y para aquellos periodistas que han considerado a Florentino Pérez el culpable de haber tenido que abandonar sus respectivos medios, espero que se den cuenta de que los únicos responsables han sido sus jefes, tan torpes como incompetentes. Ellos (los jefes) se lo han perdido.
Los sucesivos intentos de reanimación se han quedado por el camino: cambios de entrenador, arengas a los futbolistas, relevos en la dirección deportiva... El único palo que quedaba por tocar era el de los futbolistas. Y antes de acometer la renovación ha preferido hacer mutis por el foro. Han fallado los pronósticos de los que cada verano aseveraban que a Florentino Pérez "no le va a temblar la mano" a la hora de dar bajas y proceder a la renovación del equipo.
La dimisión de Florentino se ha hecho efectiva un lunes. No podría ser de otra forma. Este día de la semana, antipático para muchos, ha marcado la trayectoria de Pérez en el Real Madrid. Un lunes, 17 de julio de 2000, fue proclamado presidente, tras confirmarse una victoria electoral contra pronóstico frente al entonces inquilino del palco del Bernabéu, Lorenzo Sanz. Un lunes, 23 de junio de 2003, Pérez presidió una junta que cambió el rumbo de la nave blanca. Tomó las decisiones de no renovar a Hierro y, sobre todo, a Vicente del Bosque. Florentino tocó una de las piezas más sensibles del monstruo, creyendo que no pasaría nada, que el proyecto era tan sólido que se podía jugar a ser Dios. Y fue a tocar donde jamás debió ni siquiera asomarse. A partir de entonces, una cadena de errores, uno tras otro, hasta desembocar en otro lunes con noticia, 27 de febrero de 2006: Florentino dimite.
Para unos, un ejemplo de honestidad; para otros, un cobarde y, además, inoportuno por encontrarnos a media temporada. El debate me ha sonado al que se generó tras la renuncia de Camacho a seguir ocupando el banquillo merengue. Florentino Pérez también probó de esa medicina: sentirse incapaz de gobernar la nave. Particularmente aplaudo la decisión. Lo más sencillo es echar a los demás. Pero es complicado echarse a sí mismo. Y más de uno ha hecho esa reflexión: "igual, el que sobra soy yo". Pero muy pocos actúan en consecuencia, porque siempre es más sencillo echar la culpa a los demás.
Hace tan sólo unos dias, Ronaldo se quejaba de la dureza del público del Bernabéu. Para los presidentes, la historia tampoco es sencilla. Lorenzo Sanz perdió las elecciones tras ganar dos Copas de Europa en tres años. Entonces, no gustaban ni su gestión económica ni sus maneras a la hora de gobernar el club. Florentino Pérez se ve obligado a marcharse de forma anticipada, tras sanear la economía del Real Madrid y situarle a la cabeza de los clubs de fútbol por ingresos. La afición no le perdonará tres años consecutivos sin títulos. A pesar de Figo, de Zidane, de una nueva Champions... Aviso para el relevo, Fernando Martín, y los que llegarán.
Pérez ha sido un presidente singular. El madridismo deberá agradecerle la modernizacion del club y el haber logrado unir a los mejores futbolistas del momento bajo el manto de la camiseta blanca. Pero también debe reprocharle su excesiva implicación en el proyecto deportivo que ha desembocado en tres años consecutivos sin ganar nada.
Capítulo aparte merecen los futbolistas que, de momento, salen indemnes de toda esta historia, que ha terminado con algunos entrenadores e incluso con un presidente. Quizá también haya llegado su momento. Lo veremos a partir del sábado. Y también en junio, cuando se conozca la lista de bajas. Nunca sabremos cuál sería la de Florentino Pérez. Pero la de Martín podría ser amplia.
Y para aquellos periodistas que han considerado a Florentino Pérez el culpable de haber tenido que abandonar sus respectivos medios, espero que se den cuenta de que los únicos responsables han sido sus jefes, tan torpes como incompetentes. Ellos (los jefes) se lo han perdido.
domingo, febrero 26, 2006
Zarra, adiós al mito
Esta semana se fue para siempre Telmo Zarraonaindia, "Zarra", uno de los mejores delanteros de nuestro fútbol. Ya se ha dicho y escrito mucho sobre él. Se le recuerda por sus impresionantes cifras goleadoras y, sobre todo, por aquel tanto que logró en el Mundial de Brasil 1950 frente a Inglaterra, que supuso el triunfo de España por 1-0. ¿Cuántas veces, en cuántas citas importantes se ha echado de menos a Zarra?
Es posible que Zarra haya sido el último gran delantero centro de la roja, el último 9 considerado como tal. Es posible que sigamos buscando al jugador que llene el hueco que dejó Telmo Zarraonaindia y que, en el intento, se haya pasado la época de los grandes goleadores. No es un desprecio ni un agravio a figuras como Di Stéfano (tardía llegada a la selección la suya), Luis Suárez, Amancio... o los más recientes Quini, Butragueño, Raúl. Es simplemente la constatación de un hecho.
Ha pasado demasiado tiempo. En España no hay jugadores como Zarra. Y no me refiero a los registros goleadores, imposibles de lograr por los cambios en la forma de jugar y concebir el fútbol, sino al estilo, al concepto de goleador, al instinto, al olfato. En definitiva, el gol que le ha hecho mito, el de Maracaná ante la 'pérfida Albión', es de ese tipo. Zarra nunca fue un virtuoso de la técnica. El mismo, humilde hasta los últimos días de su vida, lo reconoció en multitud de oportunidades e incluso solía restarle mérito al gol al decir que lo había metido con el tobillo o con la espinilla. ¿Qué más da? El caso es que entró; el caso es que Zarra estaba allí.
Aquel Mundial de Brasil es recordado no sólo por el gol de Zarra sino además por ser el que vio la mejor actuación de España en esta cita. El fútbol había llegado a España a finales de la última década del s.XIX. El torneo de Copa se puso en marcha en los primeros años del s.XX. Pero aún en estado embrionario, España estaba llamada a ser de las grandes en este juego. Apenas 20 años después de su desembarco, el fútbol comenzó a darnos alegrías. En los Juegos Olímpicos de Amberes, en 1920, España logró una muy meritoria plata frente a la anfitriona Bélgica. Fue aquella heroica cita en la que Belauste jugó con la cabeza partida, literalmente "atada" con un pañuelo, y aún gritaba al corajudo Sabino: "¡Sabino, a mí que los arrollo!". Catorce años después, en el segundo Mundial, Italia 1934, España se presentó con un equipazo, con Ricardo Zamora, "el divino", Ciriaco y Quincoces atrás, con Iraragorri, Isidro Lángara, Regueiro, Campanal, delante. Por desgracia, ese campeonato fue, como lo serían los Juegos Olímpicos dos años después en Berlín, un instrumento de propaganda de los regímenes fascistas europeos. Italia dejó en el camino a España, tras dos partidos infernales, tras acabar el segundo con siete jugadores por la dureza de los italianos, después de que Giuseppe Meazza, autor del 1-0 final, hiciera falta en el gol a Nogués, guardameta español, que sustituía a Zamora, al que los azzurri ya se encargaron de eliminar en el primer partido.
La Guerra Civil se lo llevó todo por delante, incluido nuestro fútbol y nuestros futbolistas. La generación de Zarra aún surgió con fuerza y logró un meritorio cuarto puesto, con un empate a 2 incluido frente a la que luego sería campeona contra pronóstico, la Uruguay de Máspoli, Gambetta, Míguez y Schiaffino, la noble heredera de los Obdulio, Cea, Nastaze, Paz, que logró el primer Mundial en 1930.
Después, salvo la Eurocopa de 1964, poco o nada. No es de extrañar que el gol de Zarra haya vuelto a ocupar las páginas de los periódicos 56 años después. En el fondo, aún estamos buscando al auténtico artillero que nos vuelva a hacer soñar con volver a una cúspide a la que nos asomamos, quizá, demasiado pronto.
Es posible que Zarra haya sido el último gran delantero centro de la roja, el último 9 considerado como tal. Es posible que sigamos buscando al jugador que llene el hueco que dejó Telmo Zarraonaindia y que, en el intento, se haya pasado la época de los grandes goleadores. No es un desprecio ni un agravio a figuras como Di Stéfano (tardía llegada a la selección la suya), Luis Suárez, Amancio... o los más recientes Quini, Butragueño, Raúl. Es simplemente la constatación de un hecho.
Ha pasado demasiado tiempo. En España no hay jugadores como Zarra. Y no me refiero a los registros goleadores, imposibles de lograr por los cambios en la forma de jugar y concebir el fútbol, sino al estilo, al concepto de goleador, al instinto, al olfato. En definitiva, el gol que le ha hecho mito, el de Maracaná ante la 'pérfida Albión', es de ese tipo. Zarra nunca fue un virtuoso de la técnica. El mismo, humilde hasta los últimos días de su vida, lo reconoció en multitud de oportunidades e incluso solía restarle mérito al gol al decir que lo había metido con el tobillo o con la espinilla. ¿Qué más da? El caso es que entró; el caso es que Zarra estaba allí.
Aquel Mundial de Brasil es recordado no sólo por el gol de Zarra sino además por ser el que vio la mejor actuación de España en esta cita. El fútbol había llegado a España a finales de la última década del s.XIX. El torneo de Copa se puso en marcha en los primeros años del s.XX. Pero aún en estado embrionario, España estaba llamada a ser de las grandes en este juego. Apenas 20 años después de su desembarco, el fútbol comenzó a darnos alegrías. En los Juegos Olímpicos de Amberes, en 1920, España logró una muy meritoria plata frente a la anfitriona Bélgica. Fue aquella heroica cita en la que Belauste jugó con la cabeza partida, literalmente "atada" con un pañuelo, y aún gritaba al corajudo Sabino: "¡Sabino, a mí que los arrollo!". Catorce años después, en el segundo Mundial, Italia 1934, España se presentó con un equipazo, con Ricardo Zamora, "el divino", Ciriaco y Quincoces atrás, con Iraragorri, Isidro Lángara, Regueiro, Campanal, delante. Por desgracia, ese campeonato fue, como lo serían los Juegos Olímpicos dos años después en Berlín, un instrumento de propaganda de los regímenes fascistas europeos. Italia dejó en el camino a España, tras dos partidos infernales, tras acabar el segundo con siete jugadores por la dureza de los italianos, después de que Giuseppe Meazza, autor del 1-0 final, hiciera falta en el gol a Nogués, guardameta español, que sustituía a Zamora, al que los azzurri ya se encargaron de eliminar en el primer partido.
La Guerra Civil se lo llevó todo por delante, incluido nuestro fútbol y nuestros futbolistas. La generación de Zarra aún surgió con fuerza y logró un meritorio cuarto puesto, con un empate a 2 incluido frente a la que luego sería campeona contra pronóstico, la Uruguay de Máspoli, Gambetta, Míguez y Schiaffino, la noble heredera de los Obdulio, Cea, Nastaze, Paz, que logró el primer Mundial en 1930.
Después, salvo la Eurocopa de 1964, poco o nada. No es de extrañar que el gol de Zarra haya vuelto a ocupar las páginas de los periódicos 56 años después. En el fondo, aún estamos buscando al auténtico artillero que nos vuelva a hacer soñar con volver a una cúspide a la que nos asomamos, quizá, demasiado pronto.
sábado, febrero 25, 2006
Un Real Madrid ciclotímico
Lamento llevar unos días sin escribir comentarios. Problemas de tiempo me lo han impedido. Espero ponerme al día de forma acertada. Gracias a todos.
Si algo positivo ha logrado el Real Madrid a lo largo de esta travesía en el desierto que protagoniza es quitarse de encima el apellido "galáctico", ése que tanto daño le ha hecho y que, probablemente, haya comenzado a destruirle. El célebre mote atravesó fronteras. Recuerdo ver un espacio informativo de la cadena norteamericana CNN referido a la actualidad deportiva y escuchar al periodista referirse a los jugadores merengues como "lous galaecticous". Francamente, incluso para adornar una información escrita y declamada en inglés quedaba de lo más hortera.
Eso sí, la duda está en si se ha salido ganando con el cambio. Porque los madridistas, tanto el equipo como la afición, han pasado de ser galácticos a ser ciclotímicos. Los expertos definen la ciclotimia como una inestabilidad del estado de ánimo que implica la existencia de muchos periodos de depresión y euforia leves. Y en esas está el Madrid. De las victorias consecutivas en Liga al varapalo copero en Zaragoza; de la casi remontada en el Bernabéu al fiasco de la Champions contra el Arsenal en el mismo escenario; de ensalzar la figura del actual entrenador, Juan Ramón López Caro, y señalarle como el artífice de los momentos de euforia a asegurar que el equipo le viene grande y situarle como culpable de los instantes de depresión (además de buscarle sustituto por todo el orbe futbolístico conocido).
Y quizá el equipo es ciclotímico porque los jugadores lo hacen así. El cruce de declaraciones de esta semana lo atestigua. Ese es el peligro de contar con estos futbolistas. Y con este carácter. Si estás en periodo de euforia puedes conseguir una remontada histórica o estar al borde de lograrlo. Si por el contrario te toca la fase de depresión no levantas cabeza. El problema está en si este momento coincide con una fecha señalada. Por ejemplo, si el día que toca jugar en Londres el Real Madrid está en fase de euforia todo podría pasar. Pero si está en el instante de depresión se puede llevar un saco del viejo Highbury Park.
Los entendidos dicen que la ciclotimia no es grave pero tampoco han encontrado más solución que atiborrarse de pastillas antidepresivas y ansiolíticos. Desde luego, con un equipo ciclotímico no puede aspirarse a ganar nada porque, más tarde o más temprano (imagínense en una final) viene el tramo delicado en el estado de ánimo y se echa todo por tierra. Y si para la ciclotimia no han encontrado remedio habrá que buscar otro tipo de solución. A eso debe ir encaminada la renovación de la plantilla.
Si algo positivo ha logrado el Real Madrid a lo largo de esta travesía en el desierto que protagoniza es quitarse de encima el apellido "galáctico", ése que tanto daño le ha hecho y que, probablemente, haya comenzado a destruirle. El célebre mote atravesó fronteras. Recuerdo ver un espacio informativo de la cadena norteamericana CNN referido a la actualidad deportiva y escuchar al periodista referirse a los jugadores merengues como "lous galaecticous". Francamente, incluso para adornar una información escrita y declamada en inglés quedaba de lo más hortera.
Eso sí, la duda está en si se ha salido ganando con el cambio. Porque los madridistas, tanto el equipo como la afición, han pasado de ser galácticos a ser ciclotímicos. Los expertos definen la ciclotimia como una inestabilidad del estado de ánimo que implica la existencia de muchos periodos de depresión y euforia leves. Y en esas está el Madrid. De las victorias consecutivas en Liga al varapalo copero en Zaragoza; de la casi remontada en el Bernabéu al fiasco de la Champions contra el Arsenal en el mismo escenario; de ensalzar la figura del actual entrenador, Juan Ramón López Caro, y señalarle como el artífice de los momentos de euforia a asegurar que el equipo le viene grande y situarle como culpable de los instantes de depresión (además de buscarle sustituto por todo el orbe futbolístico conocido).
Y quizá el equipo es ciclotímico porque los jugadores lo hacen así. El cruce de declaraciones de esta semana lo atestigua. Ese es el peligro de contar con estos futbolistas. Y con este carácter. Si estás en periodo de euforia puedes conseguir una remontada histórica o estar al borde de lograrlo. Si por el contrario te toca la fase de depresión no levantas cabeza. El problema está en si este momento coincide con una fecha señalada. Por ejemplo, si el día que toca jugar en Londres el Real Madrid está en fase de euforia todo podría pasar. Pero si está en el instante de depresión se puede llevar un saco del viejo Highbury Park.
Los entendidos dicen que la ciclotimia no es grave pero tampoco han encontrado más solución que atiborrarse de pastillas antidepresivas y ansiolíticos. Desde luego, con un equipo ciclotímico no puede aspirarse a ganar nada porque, más tarde o más temprano (imagínense en una final) viene el tramo delicado en el estado de ánimo y se echa todo por tierra. Y si para la ciclotimia no han encontrado remedio habrá que buscar otro tipo de solución. A eso debe ir encaminada la renovación de la plantilla.
martes, febrero 21, 2006
El Mirador: Aganzo golea en el Beitar de Luis Fernández
A Juan de D., un hombre bueno, in memoriam
Aún se recuerda a David Aganzo, más jovencito, correr una contra mortal con la camiseta del Real Madrid, la segunda equipación de color negro y el número 34 a la espalda. Llevaba un acompañante de lujo, Raúl González, quien no soltó el balón hasta depositarlo en el fondo de las redes. Aquella noche de nieve en el Estadio Lerkendal de Trodheim, el solitario tanto de Raúl sellaba una angustiosa clasificación para la siguiente fase de una Champions que terminaría en las vitrinas merengues. Bien puede sentirse partícipe de ella Aganzo, que aquel día formaba una dupla inédita en punta junto al 7.
Aganzo, internacional en casi todas las categorías inferiores de la selección y campeón del mundo sub-20 en Nigeria con la generación de los Xavi, Gabri, Casillas, Aranzubía, Yeste, Orbaiz, Pablo Couñago, nunca encontró sitio en el Madrid. Su alineación en aquel partido fue circunstancial. Tras su cesión al Valladolid recaló en el Racing y, azares del destino, se ha vuelto a marchar cedido. Pero Aganzo ha optado por la aventura del fútbol israelí, concretamente el Beitar Jerusalem, cuya batuta tomó recientemente Luis Fernández. El estreno del delantero no ha podido ser mejor: dos partidos, dos goles. La liga israelí está prácticamente decidida a favor del Macabbi Haifa pero el Beitar aún aspira al segundo puesto. Por detrás está el Macabbi Tel-Aviv, donde aún milita un viejo conocido de la afición del Atlético de Madrid: Avi Nimni.
En Europa, se está acabando el encanto de la Liga holandesa. El PSV abre hueco y aprovecha la semana para olvidar del AZ, batido por el Betis en la UEFA y derrotado en su feudo por el Utrecht. En Escocia, la situación está tan clara que podría haber campeón antes de las cinco jornadas de play-off. Por si quedaban dudas, el Celtic marcó ocho goles en el campo del Dumferline, cuatro de ellos del polaco Zurawski. El Rangers, rival del Villareal en Champions, ya es tercero pero no se puede confiar.
En Inglaterra, jornada copera, en la que lo más destacado fue la eliminación del Manchester United a manos del Liverpool, con gol del desgarbado, ex del Southampton, Peter Crouch. Como las desgracias nunca vienen solas, los de Old Trafford se quedaron además sin Alan Smith, gravemente lesionado. El Chelsea se deshizo del Colchester, equipo de una categoría equivalente a nuestra 2ª B. Pocos cambios es Italia y Alemania, donde continúa el dominio de Juventus y Bayern de Munich, respectivamente. Y en Francia, el del Olympique de Lyon. El Girondins de Burdeos se afianza en la segunda plaza con un nuevo gol de Denilson.
Aún se recuerda a David Aganzo, más jovencito, correr una contra mortal con la camiseta del Real Madrid, la segunda equipación de color negro y el número 34 a la espalda. Llevaba un acompañante de lujo, Raúl González, quien no soltó el balón hasta depositarlo en el fondo de las redes. Aquella noche de nieve en el Estadio Lerkendal de Trodheim, el solitario tanto de Raúl sellaba una angustiosa clasificación para la siguiente fase de una Champions que terminaría en las vitrinas merengues. Bien puede sentirse partícipe de ella Aganzo, que aquel día formaba una dupla inédita en punta junto al 7.
Aganzo, internacional en casi todas las categorías inferiores de la selección y campeón del mundo sub-20 en Nigeria con la generación de los Xavi, Gabri, Casillas, Aranzubía, Yeste, Orbaiz, Pablo Couñago, nunca encontró sitio en el Madrid. Su alineación en aquel partido fue circunstancial. Tras su cesión al Valladolid recaló en el Racing y, azares del destino, se ha vuelto a marchar cedido. Pero Aganzo ha optado por la aventura del fútbol israelí, concretamente el Beitar Jerusalem, cuya batuta tomó recientemente Luis Fernández. El estreno del delantero no ha podido ser mejor: dos partidos, dos goles. La liga israelí está prácticamente decidida a favor del Macabbi Haifa pero el Beitar aún aspira al segundo puesto. Por detrás está el Macabbi Tel-Aviv, donde aún milita un viejo conocido de la afición del Atlético de Madrid: Avi Nimni.
En Europa, se está acabando el encanto de la Liga holandesa. El PSV abre hueco y aprovecha la semana para olvidar del AZ, batido por el Betis en la UEFA y derrotado en su feudo por el Utrecht. En Escocia, la situación está tan clara que podría haber campeón antes de las cinco jornadas de play-off. Por si quedaban dudas, el Celtic marcó ocho goles en el campo del Dumferline, cuatro de ellos del polaco Zurawski. El Rangers, rival del Villareal en Champions, ya es tercero pero no se puede confiar.
En Inglaterra, jornada copera, en la que lo más destacado fue la eliminación del Manchester United a manos del Liverpool, con gol del desgarbado, ex del Southampton, Peter Crouch. Como las desgracias nunca vienen solas, los de Old Trafford se quedaron además sin Alan Smith, gravemente lesionado. El Chelsea se deshizo del Colchester, equipo de una categoría equivalente a nuestra 2ª B. Pocos cambios es Italia y Alemania, donde continúa el dominio de Juventus y Bayern de Munich, respectivamente. Y en Francia, el del Olympique de Lyon. El Girondins de Burdeos se afianza en la segunda plaza con un nuevo gol de Denilson.
lunes, febrero 20, 2006
De ayer a hoy
En el fútbol no existe el ayer, al menos en el actual. Podría ser por la cantidad de partidos que se juegan. De aquí al final de la temporada, un carrusel de miércoles-domingo, miércoles domingo, como gusta decir a los entrenadores. Sin embargo, sería bueno que, de vez en cuando, funcionara la memoria, aunque fuera la de corto plazo. Sobre todo, evitaríamos juicios de valor precipitados.
Por ejemplo, ¿alguien tenía dudas de que el F.C.Barcelona volvería a ganar con todas sus figuras en el terreno de juego? Si alguno las tenía se le han borrado a golpe de goleada. Sí, contra un equipo en zona de descenso y con goles de rebote. Pero un 5-1 no es fácil ni bajo esas condiciones. En las dos derrotas consecutivas del Barça pesó demasiado la ausencia de sus estrellas.
Meses atrás, una serie de lesiones y sanciones también dejaron al Real Madrid sin algunas de sus estrellas por algún tiempo. Obivamente, este hecho se vio reflejado en el juego y en los resultados del equipo. Pero los juicios de valor emitidos entonces fueron muy diferentes. Equipo descompensado (que lo es, pero lo es antes y ahora, con seis victorias consecutivas en Liga), mala planificación, desatención de la parcela deportiva... Más sencillo que todo eso. Cuando un equipo tiene jugadores como Ronaldinho, Eto'o, Zidane, Deco, Raúl, Ronaldo (en forma), Beckham, todo son ventajas excepto un detalle: no hay sustituto para ellos y cuando faltan, el equipo lo acusa. De aquel Real Madrid de baloncesto que ganó la última Copa de Europa decían que dependía mucho de Arvydas Sabonis. Estoy tan seguro de ello como de que era inevitable.
Con el famoso debate de las rotaciones ocurre otro tanto de lo mismo. Juan Ramón López Caro alinea un equipo competitivo en todos los sentidos en Zaragoza. Los teóricos "suplentes" habían sido titulares indiscutibles no hacía mucho tiempo. Tras el consabido 6-1, al técnico de Lebrija le dieron palos para construir un fuerte de los que salían en las películas de John Wayne. El sábado, en partido oficial, sí que hizo rotaciones, jugaron futbolistas no habituales, incluso que habían quedado fuera de las últimas convocatorias. Pero el Madrid ganó 3-0 al Alavés de Piterman, dirigido por un señor con bigote que pasaba por allí. Y entonces López Caro es un genio.
Con un acto tan simple como echar mano de la memoria podríamos darnos cuenta de que este tipo de análisis no es válido porque genera argumentos fácilmente refutables.
Por ejemplo, ¿alguien tenía dudas de que el F.C.Barcelona volvería a ganar con todas sus figuras en el terreno de juego? Si alguno las tenía se le han borrado a golpe de goleada. Sí, contra un equipo en zona de descenso y con goles de rebote. Pero un 5-1 no es fácil ni bajo esas condiciones. En las dos derrotas consecutivas del Barça pesó demasiado la ausencia de sus estrellas.
Meses atrás, una serie de lesiones y sanciones también dejaron al Real Madrid sin algunas de sus estrellas por algún tiempo. Obivamente, este hecho se vio reflejado en el juego y en los resultados del equipo. Pero los juicios de valor emitidos entonces fueron muy diferentes. Equipo descompensado (que lo es, pero lo es antes y ahora, con seis victorias consecutivas en Liga), mala planificación, desatención de la parcela deportiva... Más sencillo que todo eso. Cuando un equipo tiene jugadores como Ronaldinho, Eto'o, Zidane, Deco, Raúl, Ronaldo (en forma), Beckham, todo son ventajas excepto un detalle: no hay sustituto para ellos y cuando faltan, el equipo lo acusa. De aquel Real Madrid de baloncesto que ganó la última Copa de Europa decían que dependía mucho de Arvydas Sabonis. Estoy tan seguro de ello como de que era inevitable.
Con el famoso debate de las rotaciones ocurre otro tanto de lo mismo. Juan Ramón López Caro alinea un equipo competitivo en todos los sentidos en Zaragoza. Los teóricos "suplentes" habían sido titulares indiscutibles no hacía mucho tiempo. Tras el consabido 6-1, al técnico de Lebrija le dieron palos para construir un fuerte de los que salían en las películas de John Wayne. El sábado, en partido oficial, sí que hizo rotaciones, jugaron futbolistas no habituales, incluso que habían quedado fuera de las últimas convocatorias. Pero el Madrid ganó 3-0 al Alavés de Piterman, dirigido por un señor con bigote que pasaba por allí. Y entonces López Caro es un genio.
Con un acto tan simple como echar mano de la memoria podríamos darnos cuenta de que este tipo de análisis no es válido porque genera argumentos fácilmente refutables.
viernes, febrero 17, 2006
El difícil equilibrio entre fútbol y economía
Florentino Pérez debe estar satisfecho; a estas horas, ha cumplido otro de los objetivos que se marcó cuando llegó a la presidencia del Real Madrid: convertir al equipo merengue en el más rico del mundo. Según un estudio de la consultora Deloitte, los ingresos del club blanco en el último año, 276 millones de euros, han sido los más elevados y han superado por vez primera los alcanzados por el Manchester United, que había encabezado esta clasificación en los últimos ejercicios.
Se dice que cuando Pérez alcanzó la presidencia del Real Madrid y comenzó a analizar fríamente la realidad económica del club se llevó algunos sustos porque la situación era peor de lo que imaginaba. Incluso comentan que algunos de los planes que tenía pensados desde la campaña electoral se vinieron abajo ante la imposibilidad material de llevarlos a cabo. Florentino se dio cuenta de que la máquina de hacer dinero que es el Real Madrid estaba parada y se encargó de ponerla en marcha. De acuerdo con el estudio de Deloitte, el club ha duplicado sus ingresos en los cinco últimos años.
Así consigue Florentino superar al que ha sido su modelo de generar ingresos atípicos en este último lustro. "Tenemos que ser como el Manchester" dijo en multitud de oportunidades, sobre todo para justificar los poderes concedidos al Departamento de Marketing de la entidad madridista. Un claro golpe en la línea de flotación del equipo británico fue el fichaje de David Beckham, que permitió al Real Madrid conquistar del emergente mercado asiático, además de contar con un excelente futbolista.
Sin embargo, la situación deportiva de estos dos gigantes no pasa por ser la mejor de sus brillantes historias. Y el Manchester está empezando a notar las consecuencias de esto, con revisiones a la baja de contratos publicitarios incluidas. Cabría preguntarse si figurar en la camiseta del Real Madrid vale tanto después de tres años sin titulos, en el caso de que llegue el próximo verano y el club continue sin catar las mieles del triunfo.
Cuando a mediados de los 90, en la última época de la presidencia de Ramón Mendoza, el Real Madrid acumulaba una enorme deuda, en su caja abundaban las telarañas y los bancos conectaban la alarma cuando el club acudía en busca de ayuda financiera, los expertos achacaron el mal momento deportivo que vivía la entidad a la precaria situación económica. Sin un modelo de gestión definido era imposible avanzar en lo deportivo, indicaban. Posteriormente llegó Lorenzo Sanz y la situación deportiva cambió radicalmente, con la consecución de dos Copas de Europa casi consecutivas. Pero el área económica y de gestión seguía siendo un desastre, hasta el punto de que los socios apostaron por la llegada de Florentino Pérez para que solventara los problemas en esta parcela. En su primer mandato, el presidente de ACS consiguió retomar el pulso económico y relanzar al Madrid en este aspecto y, al mismo tiempo, consolidó el buen momento deportivo que se encontró. Ahora la situación se revierte y el club podría cerrar su tercer año consecutivo sin títulos, algo inédito en casi 50 años. Pero a cambio se sitúa como el líder indiscutible en ingresos.
Y todo este proceso ha acontecido en tan sólo una década. Es el difícil equilibrio entre fútbol y economía. Los tres primeros equipos en la clasificación del estudio de Deloitte, Real Madrid, Manchester United y Milán, están en declive deportivo y rompen con la teoría de que la bonanza económica lleva directamente a los éxitos deportivos. Me recuerda a mi época de estudiante universitario, cuando uno de mis compañeros preguntó al profesor si se podía aprobar la asignatura utilizando como base el libro que el catedrático había publicado recientemente. El profesor respondió: "es condición necesaria aunque no suficiente". Así parece suceder con el buen estado de las finanzas y el éxito en los terrenos de juego.
Se dice que cuando Pérez alcanzó la presidencia del Real Madrid y comenzó a analizar fríamente la realidad económica del club se llevó algunos sustos porque la situación era peor de lo que imaginaba. Incluso comentan que algunos de los planes que tenía pensados desde la campaña electoral se vinieron abajo ante la imposibilidad material de llevarlos a cabo. Florentino se dio cuenta de que la máquina de hacer dinero que es el Real Madrid estaba parada y se encargó de ponerla en marcha. De acuerdo con el estudio de Deloitte, el club ha duplicado sus ingresos en los cinco últimos años.
Así consigue Florentino superar al que ha sido su modelo de generar ingresos atípicos en este último lustro. "Tenemos que ser como el Manchester" dijo en multitud de oportunidades, sobre todo para justificar los poderes concedidos al Departamento de Marketing de la entidad madridista. Un claro golpe en la línea de flotación del equipo británico fue el fichaje de David Beckham, que permitió al Real Madrid conquistar del emergente mercado asiático, además de contar con un excelente futbolista.
Sin embargo, la situación deportiva de estos dos gigantes no pasa por ser la mejor de sus brillantes historias. Y el Manchester está empezando a notar las consecuencias de esto, con revisiones a la baja de contratos publicitarios incluidas. Cabría preguntarse si figurar en la camiseta del Real Madrid vale tanto después de tres años sin titulos, en el caso de que llegue el próximo verano y el club continue sin catar las mieles del triunfo.
Cuando a mediados de los 90, en la última época de la presidencia de Ramón Mendoza, el Real Madrid acumulaba una enorme deuda, en su caja abundaban las telarañas y los bancos conectaban la alarma cuando el club acudía en busca de ayuda financiera, los expertos achacaron el mal momento deportivo que vivía la entidad a la precaria situación económica. Sin un modelo de gestión definido era imposible avanzar en lo deportivo, indicaban. Posteriormente llegó Lorenzo Sanz y la situación deportiva cambió radicalmente, con la consecución de dos Copas de Europa casi consecutivas. Pero el área económica y de gestión seguía siendo un desastre, hasta el punto de que los socios apostaron por la llegada de Florentino Pérez para que solventara los problemas en esta parcela. En su primer mandato, el presidente de ACS consiguió retomar el pulso económico y relanzar al Madrid en este aspecto y, al mismo tiempo, consolidó el buen momento deportivo que se encontró. Ahora la situación se revierte y el club podría cerrar su tercer año consecutivo sin títulos, algo inédito en casi 50 años. Pero a cambio se sitúa como el líder indiscutible en ingresos.
Y todo este proceso ha acontecido en tan sólo una década. Es el difícil equilibrio entre fútbol y economía. Los tres primeros equipos en la clasificación del estudio de Deloitte, Real Madrid, Manchester United y Milán, están en declive deportivo y rompen con la teoría de que la bonanza económica lleva directamente a los éxitos deportivos. Me recuerda a mi época de estudiante universitario, cuando uno de mis compañeros preguntó al profesor si se podía aprobar la asignatura utilizando como base el libro que el catedrático había publicado recientemente. El profesor respondió: "es condición necesaria aunque no suficiente". Así parece suceder con el buen estado de las finanzas y el éxito en los terrenos de juego.
miércoles, febrero 15, 2006
Más que una derrota
Al final, no hubo remontada. Y eso que el Real Madrid la buscó desde el primer minuto. Pero se quedó a un gol de completar la hazaña y levantar el 6-1 que traía de Zaragoza. No se fraguó la gesta porque, en muchas ocasiones, el fútbol es un juego de detalles: esos centímetros que faltan para llegar a un balón, ese corte oportuno de un defensa, esa bola que no quiere entrar... Algunos técnicos de baloncesto llaman a esos detalles "los imponderables" de un partido (de ahí su dificultad para controlarlos). Me quedo, sin embargo, con la visión de Xabier Azkargorta, para quien los designios de un partido suelen estar en manos del "dios de las pequeñas cosas".
El Madrid se puso a la tarea nada más finalizar el partido de ida, desde la misma zona mixta de La Romareda. Quizá sin pretenderlo, Iker Casillas mostró al club el camino a seguir para preparar una hazaña que estuvo a punto de consumarse. Apeló al espíritu de Juanito, al de las grandes remontadas de los 70 y 80. La obra culminó hoy, con un estadio Santiago Bernabéu a rebosar, con su megafonía destilando unos cuantos decibelios más de lo habitual, con el himno de siempre, "el de las mocitas madrileñas", en lugar del compuesto para el Centenario para la salida del equipo al terreno de juego. Con "El ojo del tigre" de Survivor, que hizo célebre la película Rocky III, y Van Halen amenizando el descanso. Detalles que, además de la asfixiante salida en tromba del Madrid, hicieron del partido un infierno para los maños, del que salieron airosos, lo dicho, por esas pequeñas cosas.
No obstante, es difícilmente comprensible por qué el Madrid se presentó de aquella guisa a jugar el partido de ida en La Romareda. El partido de ayer es de los que dejan "tocado" a un equipo, tanto física como moralmente. El sábado hay compromiso liguero frente al Alavés; el martes, ida de la Champions frente al Arsenal. Bueno será no buscar el quinto gol que no apareció hoy pero el "palo" moral es imporante. Durante un tiempo, el Real Madrid se va a acordar de la fecha, 8 de febrero, para más señas San Juan de Mata, un día en que empezó a cavar la fosa de su tumba esta temporada.
El Madrid se puso a la tarea nada más finalizar el partido de ida, desde la misma zona mixta de La Romareda. Quizá sin pretenderlo, Iker Casillas mostró al club el camino a seguir para preparar una hazaña que estuvo a punto de consumarse. Apeló al espíritu de Juanito, al de las grandes remontadas de los 70 y 80. La obra culminó hoy, con un estadio Santiago Bernabéu a rebosar, con su megafonía destilando unos cuantos decibelios más de lo habitual, con el himno de siempre, "el de las mocitas madrileñas", en lugar del compuesto para el Centenario para la salida del equipo al terreno de juego. Con "El ojo del tigre" de Survivor, que hizo célebre la película Rocky III, y Van Halen amenizando el descanso. Detalles que, además de la asfixiante salida en tromba del Madrid, hicieron del partido un infierno para los maños, del que salieron airosos, lo dicho, por esas pequeñas cosas.
No obstante, es difícilmente comprensible por qué el Madrid se presentó de aquella guisa a jugar el partido de ida en La Romareda. El partido de ayer es de los que dejan "tocado" a un equipo, tanto física como moralmente. El sábado hay compromiso liguero frente al Alavés; el martes, ida de la Champions frente al Arsenal. Bueno será no buscar el quinto gol que no apareció hoy pero el "palo" moral es imporante. Durante un tiempo, el Real Madrid se va a acordar de la fecha, 8 de febrero, para más señas San Juan de Mata, un día en que empezó a cavar la fosa de su tumba esta temporada.
martes, febrero 14, 2006
El Mirador: los rivales de la Champions flaquean
Se aproxima el regreso de la Champions League y parece que los rivales de los equipos españoles se han puesto de acuerdo para atravesar un bache, tanto de juego como de resultados. Del pasado fin de semana, lo más llamativo sin duda ha sido la derrota del Chelsea por 3-0 ante el Middlesbrough, de los conocidos Mendieta, Doriva (ex del Celta) y Fabio Rochemback, que después de su paso por el Sporting de Portugal, prueba suerte en Inglaterra. Suyo fue el 1-0 a los dos minutos, su primer tanto en la Premier. Para el equipo de Mourinho pudo ser peor porque el árbitro anuló un gol legal al delantero nigeriano del 'Boro' Yakubu. Pese a este tropiezo y a la recuperación a marchas forzadas del Manchester United, los de sir Alex Ferguson -que vencieron a domicilio al Portsmouth por 1-3, con dos goles de Cristiano Ronaldo- están a 12 puntos de los de Stamford Bridge.
Buena nota puede tomar el Barça de ésta la segunda derrota del Chelsea en lo que llevamos de Premier (la otra fue, precisamente, frente al United).
Mientras, el Arsenal, próximo rival del Real Madrid, volvió a toparse con el Bolton. Sam Ayardice parece haberle tomado la medida a Arsene Wenger. Los compañeros de Iván Campo ya eliminaron de la Copa al equipo de Highbury con un solitario gol del griego Giannakopoulos. En esta ocasión, Kevin Nolan puso por delante al Bolton con un precioso remate en parábola para que Gilberto Silva empatara en el último minuto. Por cierto, al tener que escribir el apellido del centrocampista heleno del Bolton he entendido por qué le dejan que en su camiseta figure su nombre de pila, Stelios. En Inglaterra no se permite, en principio, una circunstancia como ésta (debe figurar siempre el apellido, ni siquiera nombre y apellido juntos), pero hay excepciones. Por ejemplo, los aficionados del Real Madrid verán en la visita del Arsenal como en la camiseta de Cesc, con el número 15, figura su apellido, Fábregas. En cambio, al lateral Josemi sí le permitieron llevar su nombre en la zamarra del Liverpool mientras estuvo a las órdenes de Rafa Benítez. Al Arsenal, quinto en la Liga, eliminado de la Copa y apartado en semifinales de la Copa de la Liga por el sorprendente Wigan -que le disputará el título al United a finales de mes- le queda poco donde agarrarse. La Champions es su último tren. A tener en cuenta también para los de López Caro.
Para comprobar que no hay dos sin tres no tenemos que viajar muy lejos. En Escocia, el Rangers, rival del Villareal, no levanta cabeza. Dolorosa derrota el pasado fin de semana, en su estadio de Ibrox Park, y ante el eterno rival de Glasgow, el Celtic. Este año se han enfrentado en cuatro ocasiones: los tres partidos de la fase regular de la Liga escocesa y en cuartos de final de la Copa de la Liga. El Rangers sólo venció uno, correspondiente al torneo de la regularidad y muy al comienzo del Campeonato, aún en el mes de agosto. Tampoco le queda el consuelo de la Copa porque, como la mayoría de los equipos de Primera, ha sido eliminado. Este año en Escocia es muy probable que veamos una final entre equipos de Segunda. De los doce supervivientes, tan sólo un 'Primera': el Falkirk.
En fin, los de Pellegrini encontrarán a un Rangers bajo de moral, con el gol de Zurawski para el Celtic. Rentable le está saliendo al conjunto del trebol el delantero polaco procedente del Wisla Cracovia. Su 'pareja de hecho' en este equipo, Frankowski, juega en España, en las filas del Elche. Juntos llevaron al Wisla a imponer una auténtica dictadura en el fútbol polaco durante los últimos años. Sólo les ha fallado el acceso a Champions pese a sucesivos intentos (uno de ellos se estrelló frente al Real Madrid). El Rangers se sitúa a 21 puntos del Celtic. Podría darse el caso de llegar a la fase de los últimos cinco partidos de Liga sin posibilidades matemáticas de alcanzar al eterno rival.
Todo lo contrario sucede con los oponentes de equipos españoles en la UEFA. La eliminatoria del Español, de la que depende la final de la Copa del Rey, no olvidemos, cobra una nueva dimensión después de la goleada del Schalke 04 al Bayer Leverkusen: 7-4. Aún así, el fracaso del conjunto alemán es rotundo este año. Cuarto en la Bundesliga, sin opciones de título, humillado por el Eintracht de Frankfort (6-0) en la Copa y con el pobre consuelo de haber ganado la Copa de la Liga al Stuttgart a comienzos de temporada. A propósito de Alemania. El Colonia de Podolski, delantero supuestamente pretendido por el Real Madrid, sigue el último en la tabla. El punta germano ha logrado cinco goles (dos de penalty) en 21 partidos. Parece escaso bagaje. Mientras, al Bayern de Munich los rivales se lo siguen poniendo fácil. Si la semana pasada pinchaba el Hamburgo, esta vez le tocó al Werder Bremen, con una sorprendente derrota 0-2 frente al penúltimo de la tabla, el Kaiserslautern, con goles de Sanogo y el albanés Skela.
El AZ Alkmaar, rival del Betis, sigue siendo la revelación, cada vez menos porque ya no sorprende, en Holanda. Sigue a duras penas los pasos del PSV, que no falla pese a que sufrió frente al modesto Heracles, al que derrotó con un solitario gol del colombiano Farfán. El AZ venció a domicilio al Sparta de Rotterdam, con gol del danés Kenneth Pérez (nos lo encontraremos camino de la Eurocopa 2008).
El Sevilla es el que menos debe preocuparse. Su rival, el Lokomotiv de Moscú, prepara afanosamente una nueva temporada en Rusia. El club hispalense debe aprovechar la falta de competición del conjunto ruso.
A propósito, en Italia también jugó el primero contra el segundo, como en España. Pero el resultado fue radicalmente diferente. Ganó la Juve 1-2 al Inter, al que no sirvió el gol de Walter Samuel cuando restaba un cuarto de hora para terminar el encuentro. Ahora Inter y Milán se sitúan a doce de la Juve y con la amenaza de una pujante Fiorentina a la que Luca Toni lleva en volandas. Habrá que ver dónde aterriza.
Y en Francia, Vieri golea con el Mónaco y el veterano Smicer para el Girondins de Denilson, el único capaz de seguir un poco la estela del Olympique de Lyon, que sufrió en Lens, pero acabó empatado con gol de un rockero de los que nunca muere, como diría Gaspar Rosety: Sylvain Wiltord.
Buena nota puede tomar el Barça de ésta la segunda derrota del Chelsea en lo que llevamos de Premier (la otra fue, precisamente, frente al United).
Mientras, el Arsenal, próximo rival del Real Madrid, volvió a toparse con el Bolton. Sam Ayardice parece haberle tomado la medida a Arsene Wenger. Los compañeros de Iván Campo ya eliminaron de la Copa al equipo de Highbury con un solitario gol del griego Giannakopoulos. En esta ocasión, Kevin Nolan puso por delante al Bolton con un precioso remate en parábola para que Gilberto Silva empatara en el último minuto. Por cierto, al tener que escribir el apellido del centrocampista heleno del Bolton he entendido por qué le dejan que en su camiseta figure su nombre de pila, Stelios. En Inglaterra no se permite, en principio, una circunstancia como ésta (debe figurar siempre el apellido, ni siquiera nombre y apellido juntos), pero hay excepciones. Por ejemplo, los aficionados del Real Madrid verán en la visita del Arsenal como en la camiseta de Cesc, con el número 15, figura su apellido, Fábregas. En cambio, al lateral Josemi sí le permitieron llevar su nombre en la zamarra del Liverpool mientras estuvo a las órdenes de Rafa Benítez. Al Arsenal, quinto en la Liga, eliminado de la Copa y apartado en semifinales de la Copa de la Liga por el sorprendente Wigan -que le disputará el título al United a finales de mes- le queda poco donde agarrarse. La Champions es su último tren. A tener en cuenta también para los de López Caro.
Para comprobar que no hay dos sin tres no tenemos que viajar muy lejos. En Escocia, el Rangers, rival del Villareal, no levanta cabeza. Dolorosa derrota el pasado fin de semana, en su estadio de Ibrox Park, y ante el eterno rival de Glasgow, el Celtic. Este año se han enfrentado en cuatro ocasiones: los tres partidos de la fase regular de la Liga escocesa y en cuartos de final de la Copa de la Liga. El Rangers sólo venció uno, correspondiente al torneo de la regularidad y muy al comienzo del Campeonato, aún en el mes de agosto. Tampoco le queda el consuelo de la Copa porque, como la mayoría de los equipos de Primera, ha sido eliminado. Este año en Escocia es muy probable que veamos una final entre equipos de Segunda. De los doce supervivientes, tan sólo un 'Primera': el Falkirk.
En fin, los de Pellegrini encontrarán a un Rangers bajo de moral, con el gol de Zurawski para el Celtic. Rentable le está saliendo al conjunto del trebol el delantero polaco procedente del Wisla Cracovia. Su 'pareja de hecho' en este equipo, Frankowski, juega en España, en las filas del Elche. Juntos llevaron al Wisla a imponer una auténtica dictadura en el fútbol polaco durante los últimos años. Sólo les ha fallado el acceso a Champions pese a sucesivos intentos (uno de ellos se estrelló frente al Real Madrid). El Rangers se sitúa a 21 puntos del Celtic. Podría darse el caso de llegar a la fase de los últimos cinco partidos de Liga sin posibilidades matemáticas de alcanzar al eterno rival.
Todo lo contrario sucede con los oponentes de equipos españoles en la UEFA. La eliminatoria del Español, de la que depende la final de la Copa del Rey, no olvidemos, cobra una nueva dimensión después de la goleada del Schalke 04 al Bayer Leverkusen: 7-4. Aún así, el fracaso del conjunto alemán es rotundo este año. Cuarto en la Bundesliga, sin opciones de título, humillado por el Eintracht de Frankfort (6-0) en la Copa y con el pobre consuelo de haber ganado la Copa de la Liga al Stuttgart a comienzos de temporada. A propósito de Alemania. El Colonia de Podolski, delantero supuestamente pretendido por el Real Madrid, sigue el último en la tabla. El punta germano ha logrado cinco goles (dos de penalty) en 21 partidos. Parece escaso bagaje. Mientras, al Bayern de Munich los rivales se lo siguen poniendo fácil. Si la semana pasada pinchaba el Hamburgo, esta vez le tocó al Werder Bremen, con una sorprendente derrota 0-2 frente al penúltimo de la tabla, el Kaiserslautern, con goles de Sanogo y el albanés Skela.
El AZ Alkmaar, rival del Betis, sigue siendo la revelación, cada vez menos porque ya no sorprende, en Holanda. Sigue a duras penas los pasos del PSV, que no falla pese a que sufrió frente al modesto Heracles, al que derrotó con un solitario gol del colombiano Farfán. El AZ venció a domicilio al Sparta de Rotterdam, con gol del danés Kenneth Pérez (nos lo encontraremos camino de la Eurocopa 2008).
El Sevilla es el que menos debe preocuparse. Su rival, el Lokomotiv de Moscú, prepara afanosamente una nueva temporada en Rusia. El club hispalense debe aprovechar la falta de competición del conjunto ruso.
A propósito, en Italia también jugó el primero contra el segundo, como en España. Pero el resultado fue radicalmente diferente. Ganó la Juve 1-2 al Inter, al que no sirvió el gol de Walter Samuel cuando restaba un cuarto de hora para terminar el encuentro. Ahora Inter y Milán se sitúan a doce de la Juve y con la amenaza de una pujante Fiorentina a la que Luca Toni lleva en volandas. Habrá que ver dónde aterriza.
Y en Francia, Vieri golea con el Mónaco y el veterano Smicer para el Girondins de Denilson, el único capaz de seguir un poco la estela del Olympique de Lyon, que sufrió en Lens, pero acabó empatado con gol de un rockero de los que nunca muere, como diría Gaspar Rosety: Sylvain Wiltord.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)