domingo, abril 30, 2006

Zidane, el número 5

Ahora que ha anunciado su retirada cuando finalice el Mundial, ahora que sabemos que nos queda muy poco de disfrutar de su juego, ahora podemos decirlo: Zinedine Zidane entra en el club de los elegidos, de los míticos. Zidane se convierte en uno más de los tradicionalmente considerados como mejores jugadores del mundo, a saber: Pelé, Di Stéfano, Cruyff y Maradona. Ahora podemos saber por qué Zizou eligió el número 5 para jugar en el Real Madrid. Fue un guiño a la Historia, un desafío al club de los elegidos para que lo tuvieran en cuenta y le abrieran la puerta. Pareció decirles: "yo soy el quinto, me marcaré este número y así llegaré al Olimpo". Ahora sí, Zidane es el quinto Beatle, el quinto jinete del Apocalipsis, el quinto elemento, la quinta estación del año, el quinto mosquetero.
El secreto de Zidane siempre ha estado en la humildad. El mago francés jamás ha olvidado sus orígenes, cuando de niño jugaba en una pequeña plaza muy cercana a su casa, en el modesto barrio marsellés de La Castellane. A su madre no le gustaba mucho la idea, sobre todo porque el pequeño Yahid siempre estaba con muchachos mayores que él. Pero le permitía estar en la calle ya que el balcón de la vivienda de los Zidane daba a la plaza convertida en campo de juegos. Allí los chicos jugaban al futbol o montaban en bici. Zizou siempre optó por el balón, influido sin duda por su tío Djamel, que fue futbolista en Argelia y representó al país magrebí en el Mundial de España 82. Djamel Zidane era un fino mediapunta, estilete junto a Madjer y Belloumi de aquel conjunto que sorprendió a todos en aquella cita, de la que quedó eliminado por una sonrrojante componenda entre alemanes y austriacos. El tío de Zizou fue titular en la llamativa victoria de Argelia ante Alemania (2-1) en El Molinón y también en la derrota frente a Austria (2-0) en el Carlos Tartiere.
Zizou tenía 10 años cuando su tío probó la experiencia mundialista. Poco podía imaginarse que vengaría y de qué manera la afrenta a la familia, aunque con una camiseta, un escudo y una bandera diferentes. Zinedine Zidane seguía jugando con chicos mayores que él. Quizá por eso fue capaz de dar el salto a un equipo como el Cannes cuando tenía sólo 14 años, de la mano de Luis Fernández, que había compartido la participación en España 82 con Djamel Zidane. En aquella ocasión, tuvo que contar con el permiso de sus padres, que veían con cierto recelo el giro que estaba dando la vida de su hijo.
Su progresión a partir de ahí es bien conocida, con un importante punto de inflexión. Zidane comienza en el verano de 1995 su cuarta temporada en las filas del Girondins de Burdeos, un equipo que busca por entonces reverdecer viejos laureles. El club busca estar en competición Europea y se inscribe en la Intertoto, en unos años en los que este atajo es descartado por equipos españoles e italianos, que la consideran casi humillante. Y de la Intertoto a la final de la Copa de la UEFA, con un equipo en el que, además de Zidane, destacan el lateral izquierdo Lizarazu y el delantero centro Dugarry. Ellos contribuirán a dar la gloria a Francia tres años después, en su Mundial. En esa final cayeron frente al Bayern de Munich pero abrieron un escaparate a Europa y al mundo.
Capaz de pases inverosímiles, controles imposibles, goles espectaculares... Zidane siempre vio la jugada algo más de un segundo antes que sus rivales (incluso, a veces, antes que sus compañeros). Por eso pienso que nunca olvidó sus origenes en La Castellane, cuando se veía obligado a mirar a todas partes, a hacer la última jugada antes de que su madre le llamara para subir a casa, para ganarse el respeto de los mayores. Zidane supo cuadrar el destino. Comenzó en La Castellane y va a terminar en la Castellana. Tuvo sus primeras nociones de un Mundial con la eliminación de su tío en 1982 y le vengó 16 años después.
Y sobre todo, cuadró un palmarés imponente. Un Mundial, una Eurocopa, una Copa de Europa, dos Supercopas de Europa, dos Intercontinentales. En el plano personal, un balón de oro y tres premios FIFA World Player.
La magia de Zidane, algo difuminada en los últimos meses por la decadencia de su físico, se apaga. Como sabio del fútbol, ha elegido el momento oportuno para marcharse. Desaparecerá la figura del bailarín hecho futbolista, la imagen del jugador con frac, pajarita y chistera. Pero no la olvidaremos. Un día después de su retirada definitiva, Zidane pasará al Olimpo de los Grandes. Ya será uno de ellos.

3 comentarios:

Pepis dijo...

Hola Obradek.

Tu texto, como todos, muy bonito, pero creo que a Zidane le ha faltado liderazgo, continuidad y efectividad para acercarse a los grandes (y excluyo a Cruyff).

laaguja dijo...

Sí, yo también creo que en tu semblanza ha faltado hablar de los aspectos negativos. Para eso se las pinta Juan Puñetas, de Por el Arco del Triunfo. Hace poco hizo una de Conchita Martínez en la que habla de lo bueno y lo malo.

Y es que los dioses también tienen su lado malo. No existe la máquina perfecta.

OBRADEK dijo...

Agradezco vuestros comentarios que, como siempre, son atinados. No puedo negarlo, teneis toda la razón. Pero a todos nos sucede algo parecido cuando tenemos una debilidad. Y ése es mi caso con Zidane. Sin ir más lejos, la aguja menciona el caso de Conchita Martínez, de la que sí comenté lo bueno y lo malo. Zidane también ha tenido aspectos negativos, pero también he preferido centrarme en aspectos algo más curiosos y llamativos, como la "venganza" de su tío Djamel. Aún con esos defectos, sigo pensando que es el 5.