lunes, agosto 06, 2007

Una larga pretemporada

Al Real Madrid le espera una pretemporada larga e intensa. Se extenderá por lo menos hasta mediados del mes de noviembre. Y más se alargará cuanto más se tarde en completar la plantilla, no sólo con los que tienen que venir sino también con los que van a dejar el equipo, que resultan un lastre pesado para las pruebas que está llevando a cabo Schuster.
Comprobé divertido el otro día como, en uno de los innumerables foros de Internet, un aficionado madridista se alarmaba ante el actual estado del equipo y exclamaba: "¡que la Supercopa contra el Sevilla es dentro de una semana!". Pues sí, demasiado pronto llega este envite que, además, para equipos como Real Madrid y F.C.Barcelona son torneos de poco que ganar y mucho que perder (si se hacen con él se considera un trofeo menor y si se pierde comienza a destaparse la caja de los truenos).
Bien harían en Madrid si comenzaran a prepararse para la tormenta porque el equipo está muy verde y, lógicamente, Schuster está haciando las pruebas necesarias para intentar formar una plantilla de garantías (otra cosa es que lo consiga). Si Fabio Capello hubiera permanecido en el banquillo blanco, los aficionados estarían más tranquilos porque seguramente el equipo daría sensación de estar más rodado. Pero estas son las consecuencias de cambiar cada año una pieza sensible como es el entrenador. El Madrid entiende de estas cuestiones, sobre todo en las últimas temporadas. El ex presidente Florentino Pérez llegó a creerse aquello de que el equipo se entrenaba solo y, vistas así las cosas, decidió sustituir a Vicente del Bosque (cuyo fuerte no es la imagen) por algo mucho más vistoso como Carlos Queiroz, excelente en su papel de sombra de Sir Alex Ferguson.
El resultado es conocido por todos, aunque lo peor no fue lo que sucedió aquella temporada (que ya fue) sino todo lo que arrastró. A partir de entonces, el banquillo madridista ha sido un ir y venir de inestables inquilinos hasta el nuevo aterrizaje de Capello. Al italiano, ya sin gira asiática pero todavía con aventura americana, le duró también bastante la pretemporada porque, obviamente, los juegadores del Madrid llegaron al estreno de la competición oficial (debut liguero en el Bernabéu frente al Villarreal) prácticamente sin haberse enterado de lo que Capello quería de ellos. Así llegó el parón navideño, con goleada encajada en casa frente al Recreativo, el crudo invierno con eliminación de la Champions y de la Copa... y el Madrid seguía en pretemporada. Total, que cuando el Madrid tuvo preparada la bicicleta, ajustados los cambios y desarrollos, con el maillot y el casco adecuados, la carrera hacía tiempo que había empezado y al pelotón ni se le veía. Y si el resto de corredores no se relaja de esa manera, los blancos no sólo no hubieran ganado en la foto-finish, sino que hubieran quedado descolgados.
Con estos precedentes, el aficionado debe valorar cada punto que se logre en las primeras jornadas de Liga como si fuera oro (porque se obtendrá de forma sui generis), obviamente olvidarse de la Supercopa desde ya y rezar porque el sorteo de la Primera Fase de la Champions sea benévolo. Pero vamos, lo que es ver funcionar al equipo (si llega a hacerlo) tardará, sin duda más allá de los bolos de verano. Y todo será mucho más emocionante si, cuando Schuster logre poner la maquinaria en marcha, se le destituye y se trae a otro para que, una vez más, la pretemporada dure hasta marzo.
Y ya que estábamos de recuerdos, el Barça tan laureado de los últimos años, el equipo que logró la Copa de Europa y las dos ligas consecutivas con Rijkaard, también tuvo su particular pretemporada larga en el primer año del técnico holandés. A las primeras de cambio, repaso del Depor en el Camp Nou; aproximándose las Navidades, derrota en casa frente al Madrid tras 20 años de sequía blanca en feudo culé; en fin, ultimátum al entrenador tulipán en Valladolid al filo de la segunda vuelta. Hablamos del mes de febrero.
Aún así, por lo visto y sobre todo leido, había bastante gente que pensaba que el equipo iba ya a funcionar a agosto. Si juega a algo a mediados de noviembre, los sufridos aficionados madridistas podrán darse con un canto en los dientes y quizá soñar con volver a la Cibeles.