domingo, diciembre 11, 2005

El ángel que vio a otro ángel (breve homenaje a Charly Gaul)

Con la muerte del luxemburgués Charly Gaul desaparece uno de los grandes del ciclismo de los años 50. Un Tour de Francia y dos Giros de Italia logrados en aquel tiempo constituyen la leyenda de un enorme escalador, que compitió y batió a los más grandes (entre ellos, Federico Martín Bahamontes) aunque tuvo la "mala suerte" de toparse en su época con Jacques Anquetil, el primero en lograr cinco Tours, apodado "señor reloj", por su dominio de la especialidad contra el crono. El ciclista luxemburgués también tuvo su peculiar apodo: "el ángel de las cumbres", por su facilidad a la hora de pedalear cuesta arriba.
Gaul fue además célebre por su azarosa vida al margen de la bicicleta. Se casó tres veces y tras abandonar el ciclismo se recluyó en el centro de Luxemburgo, entre los frondosos bosques del Gran Ducado, donde vivía prácticamente como un ermitaño.
A este respecto, es maravillosa la anécdota que relata Javier García Sánchez en su muy recomendable libro Una pasión templada, dedicado a la carrera de Miguel Indurain. Cuenta el autor que Gaul estaba completamente alejado del mundo del ciclismo y que no quería saber nada de él. Hasta que llegó la famosa contrarreloj de Luxemburgo en el Tour de Francia de 1992, probablemente la primera en la que Indurain hizo pedazos a sus rivales. Gaul decidió acercarse a ver el paso de los ciclistas, aprovechando que el recorrido era cercano a su casa. Al parecer, según narra García Sánchez, Gaul quedó obnubilado al ver la imagen señorial de Indurain, a lomos de su Pinarello de cabra (preparada para contrarreloj), un perfecto binomio hombre-máquina, que se fusionaban en una sola entidad. Hasta tal punto le impresionó la imagen que Gaul aseguró "haber visto un ángel" con el paso del navaro.
A partir de entonces, Gaul retomó su gusto por la bibicleta, se animó a estar presente en la salida de marchas cicloturistas e incluso en algunas pruebas de mayor entidad. Y siempre diciendo lo mismo: "vi pasar a un ángel". Gaul se convirtió así en el ángel que vio a otro ángel.
Dos apuntes para terminar. Gaul ganó el Tour en 1958, una edición con anécdota. El último en la clasificación fue el francés Roger Walkowiak, considerado como el más sorprendente vencedor de una ronda gala. Lo hizo dos años antes, aprovechando la enorme ventaja que cobró después de una escapada consentida por el pelotón.
Y segundo, Gaul ha muerto septuagenario, sin circunstancias extrañas a su alrededor. Me gustaría que aquellos que buscan permanentemente el morbo cuando muere un ex ciclista a edad temprana se fijaran también en casos como éste aunque, por lo que se ve, han aprovechado para callar. Mejor.

4 comentarios:

laaguja dijo...

Obradek, ni quito ni pongo rey, pero lo cierto es que este ciclista que ha muerto septuagenario competía en unos años en los que el mayor dopaje que uno podía conseguir era una copa de orujo. Esto último es un decir, por supuesto. Posiblemente en esos años hubiera ya "sustancias". Lo cierto es que el volumen crematístico del ciclismo en aquellos años está a años luz de lo que se mueve hoy en día.
Descanse en paz.

OBRADEK dijo...

Recuerda, amigo aguja, que Tom Simpson cayó desplomado en las rampas del mítico Mont Ventoux sólo 10 años después del triunfo de Charly Gaul en el Tour. Y para nuestro pesar y desgracia, en ese caso sí tuvo que ver el consumo de sustancias dopantes. Estoy de acuerdo, no obstante, en algo que creo que puede deducirse de tu comentario: quizá no debí incluir una reflexión tan apasionada en el recuerdo a Gaul. Gracias por tu comentario y por los deseos para el alma de Charly Gaul.

laaguja dijo...

No, no. La reflexión apasionada para la memoria de nuestros deportistas siempre debe ser bienvenida. Mi comentario iba al hilo de tu último párrafo, en el que dices que cuando un ciclista muere joven la prensa se echa encima. Mira, yo soy (era más de lo que soy) un aficionado al boxeo y los deportes de combate. Y también me duele que cada vez que hay una desgracia en el ring cierta prensa hace alarde de ello. Sin embargo, y con todos los respetos, cada vez que muere un montañero en el Himalaya (lo que nos cuesta un montón de dinero, dicho sea de paso y tratando de hacer ver todos los aspectos de la cuestión), parece que esa muerte es más merecedora de condolencias, cuando en realidad se trata de la muerte desgraciada de dos deportistas.

Simplemente era eso, que Charly Gaul quizá haya muerto con 73 años precisamente porque en su organismo nunca entraron sustancias beneficiosas a corto plazo pero dañinas a medio/largo plazo.

OBRADEK dijo...

Bien, lamento entonces haber malinterpretado tu comentario. Tú que me dices que eres o eras apasionado del boxeo sabrás entonces cómo se siente uno cuando miran de la forma que miran el deporte por el que uno siente pasión. A mí también me gusta el boxeo pero su difusión cada vez es menor, por desgracia.