martes, diciembre 06, 2005

Un obrero del banquillo

"¡¡Juanrra, Juanrra!!", vociferaba un espectador, ya algo mayor y con la voz ronca, tras la verja de las gradas de uno de los campos de la antigua Ciudad Deportiva del Real Madrid. Hacia él se aproximaba Juan Ramón López Caro, vestido con el chándal del equipo, con paso cadencioso y una eterna sonrisa dibujada en el rostro. Acababa de salir por el túnel de vestuarios del modesto campo y se dirgía sin prisa a ocupar su lugar en el banquillo, mientras sus chicos del Real Madrid B se situaban en el terreno de juego.
"¡¡¿Has visto lo que nos han hecho esta mañana? ¿Lo has visto?!!". López Caro asentía con la cabeza y se encogía levemente de hombros, tratando de consolar al indignado espectador con un "el fútbol es así". El filial madridista estaba inmerso en una de las liguillas de ascenso a Segunda que no logró superar. Esa tarde se enfrentaban al Español B. Pero antes, muy temprano, muchos espectadores se habían dado el madrugón, y eso que era sábado, para ver cómo España caía en cuartos de final del Mundial 2002 frente a Corea del Sur, por penalties y por la desvergüenza de un mal árbitro egipcio llamado El-Gandour.
El duelo entre filiales estaba a punto de comenzar pero López Caro confiaba en sus chavales. Siguió departiendo con el aficionado y luego se sentó en el banquillo para arengar continuamente a los suyos, utilizando formas abreviadas de sus nombres para llamarles. "Sou" para Sousa, "Miña" para Miñambres, "Porti" para Portillo. Pero su grito de guerra era otro, un lema que acabó por contagiar a los fieles que siguen habitualmente a la cantera: "¡vamos, equipo!"
Esa expresión lo dice todo. López Caro cree en el grupo, en el bloque, por encima de las figuras, por encima de las estrellas, que también las ha tenido en sus equipos. Su obsesión es la condición física. Si Platón colocó en la puerta de su escuela una inscripción que decía: "no entre nadie que no sepa Geometría", López Caro situaría a la entrada de su vestuario: "no entre aquí quien no esté a tope". De ahí ese apodo de "el sargento", del que no parece enorgullecerse. Toda la timidez, la candidez que le adorna fue del campo desaparece cuando coge los trastos de entrenar, se cala su gorra y su chandal y se obstina en no estar contento con la preparación física de su equipo, aunque todos estén en óptimas condiciones para hacer un buen papel en la próxima San Silvestre.
En plena fase de ascenso a Segunda de este año, la buena para el filial madridista, López Caro fue invitado a la tertulia nocturna de Real Madrid Televisión. El míster apenas levantó la cabeza en todo el programa, le daba vergüenza ser el protagonista, que los ojos de los madridistas se posaran en él en lugar de hacerlo en los jugadores. Sólo la levantó de manera firme cuando uno de los contertulios le dijo: "Míster, Trashorras y Jurado tienen que jugar si queremos ascender". Su reacción: "Trashorras y Jurado jugarán sólo si están al 120%; si están al 100%, lo harán otros compañeros en su lugar". Así es López Caro. El bloque por encima de las individualidades. Un obrero del banquillo.

4 comentarios:

pululante dijo...

Esperemos que tenga valentía y que le dejen aplicar sentido común a las alineaciones para efectivamente alinear sólo a los que estén a tope.

Luxa y tantos otros cedieron a las presiones de "arriba", y ya hemos visto que no les sirvió para nada: cesados.

OBRADEK dijo...

Totalmente de acuerdo. La clave está en que le dejen trabajar. Si se da esta condición, nadie puede asegurar nada pero podemos encontrarnos con alguna sorpresa. Por cierto, he visto que en algunos medios se valora de forma negativa el hecho de que López Caro haya tardado cuatro años en subir al Castilla a Segunda. Pues creo que no puede ir en el descrédito de nadie haber jugado tres fases de ascenso casi consecutivas porque no es sencillo. Y por cierto, antes de recalar en el Madrid ya estuvo en una con el Melilla, que no es precisamente el Castilla, aunque termine igual. Gracias por tu comentario.

laaguja dijo...

Sólo comentar que no creo que perder ante Corea fuera obra del árbitro. Comparando presupuestos y calidad de ambas escuadras, por no comparar los sueldos de los jugadores de uno y otro equipo, no hay explicación posible. En el primer tiempo tenía que haberse sentenciado el partido.

Dejemos a los árbitros arbitrar y equivocarse. Y si no nos gusta, cojamos un silbato y pongámonos a arbitrar. Aquel partido lo perdieron los jugadores españoles, no lo ganaron los coreanos. Muy posiblemente si la selección coreana jugara en segunda división española terminarían en los puestos de descenso. ¿Quién es Corea? La españoles tenían los millones y los coreanos pusieron los coj....

Sobre el fondo del artículo sólo decir que, salvando las distancias, a este buen hombre le puede pasar como a Iñaki Sáez. Una trayectoria inmejorable con equipos menores y al dar el salto se dan cuenta de que las estrategias que les han hecho triunfar y que en definitiva les han llevado a donde ahora están, no les sirven en ese otro mundo "más profesional".

OBRADEK dijo...

La discrepancia es muy sana, en muchos casos más que la unanimidad. Creo que España hizo lo que debía en aquel partido. Marcó un gol en el tiempo reglamentario, con lo que no debió llegar a la prórroga; y marcó otro en el suplementario, con lo que no debió haberse llegado a los penalties. Dos goles, perfectos, reglamentarios. Si el árbitro dictaminó que no valían, vale. Pero el partido no lo perdieron los españoles, se lo hizo perder el árbitro (para ganar hay que meter un gol más que el contrario, con uno es suficiente).
En cuanto a López Caro, la lógica dice que no lo podrá sacar adelante y me parece muy apropiado tu razonamiento. Pero soy partidario de dar tiempo al tiempo. Recuerdo que cuando Del Bosque se hizo cargo del Madrid, después de la famosa noche del "cerdo volando por el Bernabéu" de Toshack, no daban ni un duro por él. Cosas del fútbol. Respecto a la comparación con Iñaki Sáez, me remito al modismo sobre las comparaciones: "son todas odiosas", lo que no tiene por qué ir en detrimento de ninguno de los dos. Gracias por tu comentario, amigo aguja.