lunes, noviembre 28, 2005

Esta no te la perdonamos, George

George Best siempre fue un jugador aliado con el perdón. Sus numerosas faltas de indisciplina, que hubieran generado un malestar insoportable si vinieran de cualquier otro jugador, recibían una mayor indulgencia por venir de su parte. Iba con él. Si un equipo quería tener en sus filas a Best tenía que soportar que llegara tarde a entrenar o que estuviera más pendiente de las faldas. El norirlandés no era un jugador disociable, un Jeckyll y Hide. Buscaba siempre disfrutar, en el campo y fuera de él. Y muchas veces esto es incompatible.
A Best se el perdonó cuando empezó a jugar en el United y se largaba cuando quería a su Belfast natal porque decía que tenía nostalgia de su hogar. Su equipo no tuvo problemas para mandarle un avión al Ulster y que llegara a tiempo a jugar en Old Trafford, con la condición de que otro avión le dejara de nuevo en casa cuando acabara el partido.
Sir Matt Busby, el único que supo atarle en corto, habló en el vestuario del Estadio de la Luz, aquel día en que el United destrozó al Benfica en casa (1-5, en Copa de Europa), de comenzar el encuentro con cautela, aguantando el empuje inicial del rival. A los 12 minutos, Best había marcado dos goles y tras finalizar el partido, Busby se dirigió a su jugador y le dijo: "obviamente, usted no me escucha cuando yo hablo".
Tras dejar el United no encontró sitio. Iba de un equipo a otro. Su lugar estaba en un grande, siempre al borde de los títulos, y no cualquier plaza en la que aparecer como un mono de feria para que a los dos días el público se canse de ti.
Pero a cambio de su fútbol se lo perdonamos todo... o casi todo. Que nos haya dejado tan pronto, que no haya dedicado un tiempo a cuidar de sí mismo, que nos haya privado de su experiencia y de sus recuerdos, que siempre quede en la memoria que murió alcoholizado y agonizante por sus excesos, todo eso, George, no te lo perdonaremos. Aunque ya es tarde.